viernes, 22 de noviembre de 2019

EPAMINONDAS

Cuentan, que hubo una vez una mujer que  quiso ponerle a su hijo el nombre de una persona que sonara bien importante, así que eligió el nombre de un general griego que tuvo por nombre Epaminondas.

Epaminondas fue un niño muy querido y bien recibido por todos, tenía un carácter afable, quería mucho a su mama y era muy obediente, aunque bien es verdad que no siempre comprendía las cosas del mismo modo que el resto.

El niño tenía un amadrina que le quería mucho y a la que cada día iba a visitar por que ella cada día le hacia un regalo. Vivía en el pueblo de al lado y debía caminar un poco para llegar a la casa, pero no le importaba. 
Un día le regaló un trozo grande de bizcocho diciéndole:
- No te salgas del camino, ve mirando bien al frente y cuando llegues a su casa  y sujeta  fuertemente  coges el bizcocho entre tus manos para que no perderlo.

Así que Epaminondas salió del pueblo, tomó el camino que llevaba a su casa y  fue todo el camino sujetando con fuerza el bizcocho. Tan fuerte lo sujetaba que cuando llegó  el bizcocho llegaba hecho migas.
- Que traes entre las manos hijo mío.
- Un bizcocho mamita
¿pero hijo!! un bizcocho no ìedes apretarlo tan fuerte, el bizcocho deben envolverlo en un papel de seda y colocarlo en el sombrero, para que no se rompa
- - Sí mamita.
Al día siguiente Epaminondas volvió a casa de su tía y esta el regaló un buen trozo de mantequilla fresca. Epaminondas cogió la mantequilla. la envolvió en papel de seda y lo colocó en su sombrero, tal y como su mama la había dicho y tomó el camino de vuelta  a casa. Pero aquel día hacía mucho calor y la mantequilla comenzó a chorrear por el sombrero poniendo perdido al niño. cuando su mama lo vio llegar a casa exclamó:
- Pero hijo mío que te ha pasado, que traes en la cabeza?? un trozo de mantequilla fresca mamita
- Un trozo de mantequilla hijo? pero que has hecho del buen juicio que yo te di cuando naciste?. Un trozo de mantequilla tienes que envolverlo en hojas de parra e ir remojándolas por el camino para que no se derrita ¿has comprendido mi amor?
- Sí mamita.
así que cuando la 
Al día siguiente cuando Epaminondas fue a ver a su madrina esta le tenía preparada un gran sorpresa, le regaló un perrito recién nacido.
Epaminondas tomó el perrito y lo envolvió cuidadosamente en hojas de parra y por el camino lo iba remojando en todas las fuentes, tal y como si madre le había dicho. Cuando llegó a casa de su mama  el perrito venía medio muerto.
- Pero hijo que traes ahí??
. Un perrito mami!
- ¿Un perrito?, ¿Pero que has hecho del buen juicio que yo te di cuando naciste?. un perrito tienes que atarlo con una cuerda al cuello y tirar del otro extremo para que venga andando... ¿has comprendido hijo mío?
- Sí mamita.
Cuando al día siguiente su madrina le regaló una hogaza de pan, Epaminondas siguió las instrucciones de su mama al pie de la letra y vino arrastrando el pan por el camino.
- AY! hijo, tu ni tenes juicio ni nunca lo has tenido, mañana seré yo la que vaya a visitar a la madrina.

Así que a la mañana siguiente cuando la mama se despertó puso a cocer unos bollos de leche y los dejó en la puerta de la casa para que se enfriaran

-Hijo, voy a salir a ver a tu tía, cuida bien de los bollos hasta que se enfríen no sea que se los coma el gato. Su por algún motivo tienes que salir pon mucho cuidado de pasar por encima
 - Sí mamita.
La mama salió y Epaminondas estuvo mu atento, durante un rato, luego quiso salir a la calle y puso mucha atención de pasar por encima, tal y como su mama la había dicho, poniendo mucho cuidados de poner los pies encima de cada uno de los bollitos y dejándolos bien aplastados todos.

Lo que pasó cuando la mama regresó no lo sabemos, por que colorín colorado este cuento se ha acabado.


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