CUENTOS DE INVIERNO
1. EL ORIGEN DE LA NAVIDAD
- El solsticio y las hogueras para recordar al sol su trabajo
- Dioses egipcios: Osiris, dios de la fertilidad y Mitra, dios del sol que nacen el 21
- Las saturnales romanas también recuerdan al dios Saturno que es el dios de la agricultura. Esclavos por señores para recordar que todo lo de la tierra hay que repartirlo
- Jesús de Nazaret. Es también la luz para la tierra y sus habitantes. se celebra su natividad / Navidad
- se celebra que las tinieblas dejan de avanzar y vence la luz frente a la oscuridad.
-Musgoso: personaje ancestral: venía con saco y palo.
Recuerda que hay que repartir. Ricos no quieren y se le demoniza convirtiéndolo en el hombre del saco. Además era extranjero y venía de lejos generan miedo... luego le llamaron Robin Hood. Pero el verdadero es un personaje bueno que todavía existe y que sobrevivo cambiándose el nombre a San Nicolás, Santa Claus o Papa Noel.
Lo más importante de todas estas historias es que nunca se nos tiene que olvidar que lo que da la tierra hay que repartirlo entre todos porque sino un día no habrá nada, para nadie.
Hoy vamos a contar una serie de cuentos tradicionales que llegan desde diferentes puntos del planeta, y que tienen en común el frío del invierno.
2- Directo desde Rusia, un lugar frio donde los haya, tenemos nuestro primer cuento que habla precisamente de como la luz vence sobre la oscuridad.
EL GITANO Y EL DEMONIO
3. Qué pasaría si no tuviéramos sol e hiciera siempre frío
BALDOMERO
4. Otro frío país desde donde nos llegan un montón de cuentos en Noruega.
BOLITA DE MANTEQUILLA
5. Y del frío más frio de todos nos desplazamos a Siberia.
CABEZAHUECA
miércoles, 18 de diciembre de 2019
El Origen de la Navidad
Antiguamente hombres y mujeres sentían miedo al observar como los días se hacían cada vez más cortos y las noches se alargaban, y las tinieblas que se hacían las dueñas del día y vencían a la luz.
La noche más larga del años era el 21 de diciembre, esa noche de solsticio se encendían las hogueras, para recordarle al sol que tenía que lucir y dar calor para que las semillas despertaran desde el vientre de la tierra, germinando y dando paso a la primavera.
Más tarde llegarían los egipcios con sus dioses solares de la fertilidad y de la vida que nacerían también el día 21, como Osiris, inventor de la agricultura o Mitra dios solar. Y los romanos con la celebración de sus saturnales en homenaje Saturno que es el dios de la agricultura. En estas fiestas los esclavos se sentaban en la mesa de los señores y los señores les tenían que servir, para recordarnos que las riquezas de la tierra debían repartirse entre todos por igual para no enojar al dios y que permitiera que las cosechas fueran abundantes.
Luego nació Jesús de Nazaret el 24 de diciembre y los creyentes lo celebran el día 25 su nacimiento, la natividad. igual que el sol invernal, alumbra la tierra y a sus habitantes con su luz. La natividad se fue acortando y se convirtió en Navidad.
Por lo tanto lo que realmente celebramos durante estas fechas es que las tinieblas dejan de avanzar y la luz vuelve a ganar la batalla a la oscuridad.
Y hay un personaje antiguo llamado Musgoso. se llamaba así porque que iba vestido con un traje de musgo y llevaba en el hombro un saco y en la mano un palo.
El palo era para golpear la tierra y despertar a las semillas que dormían en su vientre. El saco lo usaba para recoger entre los que tenían y repartir entre los que no tenían, por que creían que si lo que daba la tierra no se repartía bien, la primavera no llegaría. Esta a esta costumbre la llamarían "pedir el aguinaldo". Pero había gente que no estaba de acuerdo en repartir lo que tenía entre los pobres y comenzó a extenderse la leyenda de que "ese del saco", que además era extranjero y venía de lejos, se quedaba con todo incluso que se llevaba a los niños y empezaron a sentir miedo y desconfianza y le llamaron "el hombre del saco" y nombrándole se asustaba a los niños para que se fueran a dormir.
Pero aquel hombre verde se resistió históricamente a desaparecer y reapareció con el nombre de Robin Hood y en otros lugares apareció San Nicolas o Santa Claus o Papa Noel, que cada 25 de diciembre llega para recordarnos que lo que da la tierra, tenemos que repartirlo entre todos, porque sino un día la primavera no vendrá y entonces no habrá nada para nadie.
La noche más larga del años era el 21 de diciembre, esa noche de solsticio se encendían las hogueras, para recordarle al sol que tenía que lucir y dar calor para que las semillas despertaran desde el vientre de la tierra, germinando y dando paso a la primavera.
Más tarde llegarían los egipcios con sus dioses solares de la fertilidad y de la vida que nacerían también el día 21, como Osiris, inventor de la agricultura o Mitra dios solar. Y los romanos con la celebración de sus saturnales en homenaje Saturno que es el dios de la agricultura. En estas fiestas los esclavos se sentaban en la mesa de los señores y los señores les tenían que servir, para recordarnos que las riquezas de la tierra debían repartirse entre todos por igual para no enojar al dios y que permitiera que las cosechas fueran abundantes.
Luego nació Jesús de Nazaret el 24 de diciembre y los creyentes lo celebran el día 25 su nacimiento, la natividad. igual que el sol invernal, alumbra la tierra y a sus habitantes con su luz. La natividad se fue acortando y se convirtió en Navidad.
Por lo tanto lo que realmente celebramos durante estas fechas es que las tinieblas dejan de avanzar y la luz vuelve a ganar la batalla a la oscuridad.
Y hay un personaje antiguo llamado Musgoso. se llamaba así porque que iba vestido con un traje de musgo y llevaba en el hombro un saco y en la mano un palo.
El palo era para golpear la tierra y despertar a las semillas que dormían en su vientre. El saco lo usaba para recoger entre los que tenían y repartir entre los que no tenían, por que creían que si lo que daba la tierra no se repartía bien, la primavera no llegaría. Esta a esta costumbre la llamarían "pedir el aguinaldo". Pero había gente que no estaba de acuerdo en repartir lo que tenía entre los pobres y comenzó a extenderse la leyenda de que "ese del saco", que además era extranjero y venía de lejos, se quedaba con todo incluso que se llevaba a los niños y empezaron a sentir miedo y desconfianza y le llamaron "el hombre del saco" y nombrándole se asustaba a los niños para que se fueran a dormir.
Pero aquel hombre verde se resistió históricamente a desaparecer y reapareció con el nombre de Robin Hood y en otros lugares apareció San Nicolas o Santa Claus o Papa Noel, que cada 25 de diciembre llega para recordarnos que lo que da la tierra, tenemos que repartirlo entre todos, porque sino un día la primavera no vendrá y entonces no habrá nada para nadie.
Bolita de mantequilla
Había una vez una mujer haciendo el pan y tenía un niño chiquitín que era tan gordito y regordito y le gustaba tanto comer cosas ricas que le llamaban Bolita De Mantequilla. También tenía un perro al que le llamaban Diente de Oro. Un día el perro empezó a ladrar de repente.
- Corre Bolita de ;Mantequilla, hijo mío, vete a ver a quien ladra Diente de Oro.
El chico salió corriendo, volvió corriendo y le dijo:
- Ay!, mama, que viene una ogresa grande y alta con la cabeza debajo del brazo y un saco a la espalda.
- Escóndete debajo de la tabla de amasar, le dijo su madre.
Entonces entró la ogresa y le dice
- Buenos días, ¿donde está Bolita de Mantequilla?
- No, está en le bosque con su padre cazando perdices.
- Lástima, yo que le traía un cuchillito de plata, tan bonito, para regalarle.
- Hola, hola, estoy aquí!- dijo Bolita de Mantequilla asomando la cabeza desde debajo de la tabla de amasar.
- Ay pillo!!... mete la mano en el saco y busca el cuchillo tu mismo.
Bolita de mantequilla se asomó al sacó y la bruja lo empujó dentro, luego lo cerró, se cargó el saco a la espalda y se marchó hacia su casa. Pero cuando llevaba un trecho del camino, la ogresa se sintió fatigada, dejó el saco en el suelo y se echó a dormir. entonces Bolita de Mantequilla hizo un agujero en el saco con el cuchillito, salió y metió dentro una raíz de abeto. Luego se encaminó a casa de su madre. Cuando la ogresa llegó a su casa dejó la cabeza encima de la mesa y abrió el saco, cuando vio lo que había dentro se puso furiosa.
Al cabo de unos días cuando la madre estaba amasando el pan volvió a ladrar el perro y de nuevo mandó a Bolita de Mantequilla a ver quien llegaba.
- Ay, ay, ay!, es otra vez ese monstruo horrible, ahí viene otra vez con la cabeza debajo del brazo y el saco al hombro.
- Corre hijo escóndete debajo de la tabla de amasar.
Entonces la ogresa entra en la casa y pregunta:
- ¿Donde está Bolita de Mantequilla, que lo quiero ver?
- Está en le bosque con su padre recogiendo leña.
- Ay!, lástima, yo que le traía un tenedorcito de plata precioso para regalarle.
- ¡Hola, hola, estoy aquí!- dijo Bolita de Mantequilla asomando la cabeza desde debajo de la tabla de amasar.
- Ay pillo!!... busca tu mismo el tenedor en el saco, verás que brillante es.
Bolita de Mantequilla no se lo pensó dos veces y se metió otra vez dentro del saco. entonces la ogresa lo cerro y se lo cargó a la espalda y se marchó a buen paso.
Después de un rato la ogresa tuvo que parar a hacer sus necesidades. Bolita de mantequilla aprovechó para hacer un agujero en el saco, metió dentro un gran pedrusco y se marchó corriendo a casa.
Cuando la ogresa legó a casa puso a calentar agua en un gran puchero dispuesta a guisar a Bolita de Mantequilla. Cuando el agua estaba hirviendo abrió el saco y dejó caer dentro del caldero su contenido, pensando que allí estaba el niño, pero en su lugar cayó la enorme piedra que agujereó el caldero y todo el agua quedó derramada por el suelo de la choza. La ogresa se puso verde de la rabia y pensó "ya puede resistirse todo lo que quiera que se va a venir conmigo"
Al día siguiente la ogresa llegó de nuevo a la casa del niño, el perro empezó a ladrar y el niño salió corriendo.
-Ay mama!, es otra vez esa terrible ogresa con la cabeza bajo el brazo y el saco a la espalda.
- Escóndete hijo mío, escóndete debajo de la tabla de amasar.
- Buenos días -dijo la ogresa- ¿Está hoy en casa Bolita de Mantequilla?
- No está. -respondió la madre- ha ido con su padre a sacar agua del pozo.
- Ay!, lástima, yo que le traía un cucharón de plata para regalarle.
- ¡Hola, hola, estoy aquí!- dijo Bolita de Mantequilla asomando la cabeza desde debajo de la tabla de amasar.
- Ay bribón!, pues saca tu el cucharón.
Y el niño de un salto se metió dentro del saco, entonces la ogresa lo cerro y se lo cargó a la espalda y se marchó a buen paso. Pero en esta ocasión a ogresa no paró en toso el camino. Cuando llegó a casa estaba esperándola su hija. Era domingo y le dijo.
- Traigo en este saco a Bolita de Mantequilla, sacaló, mátalo y haces un buen estofado con él. Tenlo hecho para cuando yo regrese, me voy a la iglesia a buscar a mis invitados
Cuando la ogresa se marchó la hija sacó a Bolita de Mantequilla del saco, para matarlo, pero no sabía muy bien como hacerlo, así que el niño le dijo:
- Espera, yo te enseñaré como tienes que hacer. Pon la cabeza en la banqueta y ya verás.
La infeliz obededió y bolita de Mantequilla con le hacha le cortó la cabeza como si fuese un pollo. Después puso la cabeza en la cama y echó el cuerpo en el caldero e hizo un estofado con la hija de de ogresa. Una vez terminado subió al tejado con la piedra y la rama de abeto y esperó a que vinieran los invitados.
Cuando la ogresa llegó vio la cabeza de su hija en la cama y pensó que estaba durmiendo y todos se sentaron a la mesa a probar el estofado.
- Qué rico está el estofado de bolita de Mantequilla!. dijo la anfitriona
- ¡Qué rico está el estofado de hija! replicó el niño desde el tejado.
Y salió a ver quien hablaba desde arriba y al pasar por la puerta Bolita de Mantequilla le tiró la rama de abeto y la piedra y la aplastó. Al ver que la anfitriona había muerto, todos los invitados volvieron a a casa en procesión y Bolita de Mantequilla recogió todas las riquezas que había en la casa y emprendió el regresa a casa de su madre sonde vivieron la vida que les quedaba siendo muy ricos.
- Corre Bolita de ;Mantequilla, hijo mío, vete a ver a quien ladra Diente de Oro.
El chico salió corriendo, volvió corriendo y le dijo:
- Ay!, mama, que viene una ogresa grande y alta con la cabeza debajo del brazo y un saco a la espalda.
- Escóndete debajo de la tabla de amasar, le dijo su madre.
Entonces entró la ogresa y le dice
- Buenos días, ¿donde está Bolita de Mantequilla?
- No, está en le bosque con su padre cazando perdices.
- Lástima, yo que le traía un cuchillito de plata, tan bonito, para regalarle.
- Hola, hola, estoy aquí!- dijo Bolita de Mantequilla asomando la cabeza desde debajo de la tabla de amasar.
- Ay pillo!!... mete la mano en el saco y busca el cuchillo tu mismo.
Bolita de mantequilla se asomó al sacó y la bruja lo empujó dentro, luego lo cerró, se cargó el saco a la espalda y se marchó hacia su casa. Pero cuando llevaba un trecho del camino, la ogresa se sintió fatigada, dejó el saco en el suelo y se echó a dormir. entonces Bolita de Mantequilla hizo un agujero en el saco con el cuchillito, salió y metió dentro una raíz de abeto. Luego se encaminó a casa de su madre. Cuando la ogresa llegó a su casa dejó la cabeza encima de la mesa y abrió el saco, cuando vio lo que había dentro se puso furiosa.
Al cabo de unos días cuando la madre estaba amasando el pan volvió a ladrar el perro y de nuevo mandó a Bolita de Mantequilla a ver quien llegaba.
- Ay, ay, ay!, es otra vez ese monstruo horrible, ahí viene otra vez con la cabeza debajo del brazo y el saco al hombro.
- Corre hijo escóndete debajo de la tabla de amasar.
Entonces la ogresa entra en la casa y pregunta:
- ¿Donde está Bolita de Mantequilla, que lo quiero ver?
- Está en le bosque con su padre recogiendo leña.
- Ay!, lástima, yo que le traía un tenedorcito de plata precioso para regalarle.
- ¡Hola, hola, estoy aquí!- dijo Bolita de Mantequilla asomando la cabeza desde debajo de la tabla de amasar.
- Ay pillo!!... busca tu mismo el tenedor en el saco, verás que brillante es.
Bolita de Mantequilla no se lo pensó dos veces y se metió otra vez dentro del saco. entonces la ogresa lo cerro y se lo cargó a la espalda y se marchó a buen paso.
Después de un rato la ogresa tuvo que parar a hacer sus necesidades. Bolita de mantequilla aprovechó para hacer un agujero en el saco, metió dentro un gran pedrusco y se marchó corriendo a casa.
Cuando la ogresa legó a casa puso a calentar agua en un gran puchero dispuesta a guisar a Bolita de Mantequilla. Cuando el agua estaba hirviendo abrió el saco y dejó caer dentro del caldero su contenido, pensando que allí estaba el niño, pero en su lugar cayó la enorme piedra que agujereó el caldero y todo el agua quedó derramada por el suelo de la choza. La ogresa se puso verde de la rabia y pensó "ya puede resistirse todo lo que quiera que se va a venir conmigo"
Al día siguiente la ogresa llegó de nuevo a la casa del niño, el perro empezó a ladrar y el niño salió corriendo.
-Ay mama!, es otra vez esa terrible ogresa con la cabeza bajo el brazo y el saco a la espalda.
- Escóndete hijo mío, escóndete debajo de la tabla de amasar.
- Buenos días -dijo la ogresa- ¿Está hoy en casa Bolita de Mantequilla?
- No está. -respondió la madre- ha ido con su padre a sacar agua del pozo.
- Ay!, lástima, yo que le traía un cucharón de plata para regalarle.
- ¡Hola, hola, estoy aquí!- dijo Bolita de Mantequilla asomando la cabeza desde debajo de la tabla de amasar.
- Ay bribón!, pues saca tu el cucharón.
Y el niño de un salto se metió dentro del saco, entonces la ogresa lo cerro y se lo cargó a la espalda y se marchó a buen paso. Pero en esta ocasión a ogresa no paró en toso el camino. Cuando llegó a casa estaba esperándola su hija. Era domingo y le dijo.
- Traigo en este saco a Bolita de Mantequilla, sacaló, mátalo y haces un buen estofado con él. Tenlo hecho para cuando yo regrese, me voy a la iglesia a buscar a mis invitados
Cuando la ogresa se marchó la hija sacó a Bolita de Mantequilla del saco, para matarlo, pero no sabía muy bien como hacerlo, así que el niño le dijo:
- Espera, yo te enseñaré como tienes que hacer. Pon la cabeza en la banqueta y ya verás.
La infeliz obededió y bolita de Mantequilla con le hacha le cortó la cabeza como si fuese un pollo. Después puso la cabeza en la cama y echó el cuerpo en el caldero e hizo un estofado con la hija de de ogresa. Una vez terminado subió al tejado con la piedra y la rama de abeto y esperó a que vinieran los invitados.
Cuando la ogresa llegó vio la cabeza de su hija en la cama y pensó que estaba durmiendo y todos se sentaron a la mesa a probar el estofado.
- Qué rico está el estofado de bolita de Mantequilla!. dijo la anfitriona
- ¡Qué rico está el estofado de hija! replicó el niño desde el tejado.
Y salió a ver quien hablaba desde arriba y al pasar por la puerta Bolita de Mantequilla le tiró la rama de abeto y la piedra y la aplastó. Al ver que la anfitriona había muerto, todos los invitados volvieron a a casa en procesión y Bolita de Mantequilla recogió todas las riquezas que había en la casa y emprendió el regresa a casa de su madre sonde vivieron la vida que les quedaba siendo muy ricos.
martes, 17 de diciembre de 2019
MAÑANA DE REYES
Candela esperaba cada año la llegada de los Reyes Magos con un nudo en el estómago, como si no supiera que le iban a traer. Y siempre, desde que recordaba, le habían traído lo mismo: una naranja.
Con la naranja podía jugar mucho tiempo. La podía lanzar como una pelota, hasta que acababa espachurrada. O podía colgarla del rabo, si tenía la suerte de que aquel año tuviera rabo. colgarla del árbol de navidad como si fuera un adorno, así el pino marrón que sólo tenía piñas marrones tuviera un color con el que nunca había soñado, si es que los pinos soñaban... pero con el calor de la casa la naranja se acababa pronto. También podía pincharle cuatro ramitas, como si fueran dos brazos y dos piernas y hacer una muñeca gorda y naranja. Y si aquel año había venido con el envoltorio, podía hacerle a la muñeca un vestido blanco. También podía ser una sábana blanca de papel bajo la que acostar a la muñeca enferma, que se había puesto naranja de tanto comer. Aunque ya se sabía que poco podía hacer por su salud, cuando pasados unos días iba perdiendo en color y adquiriendo un color blanco moho.
No era fácil jugar mucho tiempo con la naranja pelota, adorno navideño y muñeca. Tampoco podría disfrutar del sabor a naranja en la comida de Reyes, ni en la cena, por que a la mañana siguiente , como todas las niñas debía de llevar su regalos a la escuela.
Aquel día tocaba para comer lo de siempre: patatas. Si tenía suerte puede que encontrara algún trocito de tocino o una pizca de chorizo en el caldo en el que flotaban las patatas.
La naranja era un lujo reservado a los señores, no se comía todos los días. Sólo después de volver del colegio, podía comerse la naranja, como los señores. En casa de los señores, los reyes no dejaban naranjas, por que las niñas de los señores comían fruta todos los días. A ellas los reyes les ponían muñecas de porcelana, con las mejillas sonrosadas y la frente brillante.
Al día siguiente, con su naranja `protegida en su traje de papel, se dirigía la colegio y se sentaba en su silla con la naranja encima de la mesa. Las otras niñas colocaban sus muñecas en la mesa de la maestra y ella roja de vergüenza, se levantaba con su naranja y la escondía bajo las faldas de flores de aquellas princesas blancas de porcelana con mejillas rojas, igual ellas también sentían vergüenza.
"Las naranjas tienen muchas vitaminas y alimentan, y las muñecas no", le decía sus madre antes de salir de casa hacia la escuela. Si estuvieras en el desierta, tu muñeca podría salvarte de morir de hambre y las muñecas no. Pero ella no estaba en el desierto, o si, porque en el momento en que cada niña cogía su regalo de reyes y lo mostraba en clase sudaba como si el sol la abrasara y no hubiera ningún lugar donde refugiarse.
Pero aquel año fue diferente. ella se despertó con las hormigas cuchicheándole en la barriga, como si no supiera que le iban a traer, se dirigió al pino que su madre había cortado y puesto en el comedor. Allí no había nada, ni siquiera una naranja. Tampoco había nadie.
Salió de casa y se dirigió a la cuadra. Quizás su madre estuviera allí ordeñando las cabras antes de echarlas al monte. pero las cabras no estaban, ni tampoco su madre. estaba oscuro y mientras sus hijos se iban acostumbrando a la penumbra vio como algo pendía del techo. Un rayo de luz que se colaba por entre las rendijas de madera de la pared fue haciendo visible la aparición que bajaba del cielo. Era un ángel. Un ángel con un vertido blanco de flores y las mejillas coloradas y un lazo naranja en el pelo. Un ángel de porcelana
Ella estiró lo brazos para sujetar aquella aparición, pero la muñeca estaba un poco alta y no llegaba bien, la tocó con la punta de los dedos y comenzó a balancearse, ella saltaba para alcanzarla pero no lograba sujetarla, cuando por fin logró agarrar la muñeca tiró de ella con tanta fuerza que la cuerda que la sujetaba se rompió y la muñeca cayó al suelo haciéndose pedazos.
Al oír el ruido llegaron su madre, su abuela y un tío que la ayudaron a recoger el desastre. con cuidado pegaron los trozos de la muñeca de porcelana y para tapar los huecos que todavía quedaban, la vendaron con un esparadrapo.
A la mañana siguiente, mañana de colegio, ellas se levantó de su silla y se dirigió a la casa de la maestra con su regalo de reyes, Con cuidado apartó los faldones floreados de las otras muñecas y sentó a la suya en medio, presidiendo la reunión de muñecas, le colocó el lazo y las vendas blancas y le acarició las mejillas. ella también tenía ahora una muñeca de porcelana y nadie se la comerla de vuelta del colegio. Pero la suya no era una princesa a la que poner en una repisa y mirar la suya era mucho mejor, era un ángel caido del cielo, una niña soldado que había vuelto herida de la guerra, una princesa convaleciente de un terrible accidente de coche. Menudo regalo. Un regalo de Reyes.
Con la naranja podía jugar mucho tiempo. La podía lanzar como una pelota, hasta que acababa espachurrada. O podía colgarla del rabo, si tenía la suerte de que aquel año tuviera rabo. colgarla del árbol de navidad como si fuera un adorno, así el pino marrón que sólo tenía piñas marrones tuviera un color con el que nunca había soñado, si es que los pinos soñaban... pero con el calor de la casa la naranja se acababa pronto. También podía pincharle cuatro ramitas, como si fueran dos brazos y dos piernas y hacer una muñeca gorda y naranja. Y si aquel año había venido con el envoltorio, podía hacerle a la muñeca un vestido blanco. También podía ser una sábana blanca de papel bajo la que acostar a la muñeca enferma, que se había puesto naranja de tanto comer. Aunque ya se sabía que poco podía hacer por su salud, cuando pasados unos días iba perdiendo en color y adquiriendo un color blanco moho.
No era fácil jugar mucho tiempo con la naranja pelota, adorno navideño y muñeca. Tampoco podría disfrutar del sabor a naranja en la comida de Reyes, ni en la cena, por que a la mañana siguiente , como todas las niñas debía de llevar su regalos a la escuela.
Aquel día tocaba para comer lo de siempre: patatas. Si tenía suerte puede que encontrara algún trocito de tocino o una pizca de chorizo en el caldo en el que flotaban las patatas.
La naranja era un lujo reservado a los señores, no se comía todos los días. Sólo después de volver del colegio, podía comerse la naranja, como los señores. En casa de los señores, los reyes no dejaban naranjas, por que las niñas de los señores comían fruta todos los días. A ellas los reyes les ponían muñecas de porcelana, con las mejillas sonrosadas y la frente brillante.
Al día siguiente, con su naranja `protegida en su traje de papel, se dirigía la colegio y se sentaba en su silla con la naranja encima de la mesa. Las otras niñas colocaban sus muñecas en la mesa de la maestra y ella roja de vergüenza, se levantaba con su naranja y la escondía bajo las faldas de flores de aquellas princesas blancas de porcelana con mejillas rojas, igual ellas también sentían vergüenza.
"Las naranjas tienen muchas vitaminas y alimentan, y las muñecas no", le decía sus madre antes de salir de casa hacia la escuela. Si estuvieras en el desierta, tu muñeca podría salvarte de morir de hambre y las muñecas no. Pero ella no estaba en el desierto, o si, porque en el momento en que cada niña cogía su regalo de reyes y lo mostraba en clase sudaba como si el sol la abrasara y no hubiera ningún lugar donde refugiarse.
Pero aquel año fue diferente. ella se despertó con las hormigas cuchicheándole en la barriga, como si no supiera que le iban a traer, se dirigió al pino que su madre había cortado y puesto en el comedor. Allí no había nada, ni siquiera una naranja. Tampoco había nadie.
Salió de casa y se dirigió a la cuadra. Quizás su madre estuviera allí ordeñando las cabras antes de echarlas al monte. pero las cabras no estaban, ni tampoco su madre. estaba oscuro y mientras sus hijos se iban acostumbrando a la penumbra vio como algo pendía del techo. Un rayo de luz que se colaba por entre las rendijas de madera de la pared fue haciendo visible la aparición que bajaba del cielo. Era un ángel. Un ángel con un vertido blanco de flores y las mejillas coloradas y un lazo naranja en el pelo. Un ángel de porcelana
Ella estiró lo brazos para sujetar aquella aparición, pero la muñeca estaba un poco alta y no llegaba bien, la tocó con la punta de los dedos y comenzó a balancearse, ella saltaba para alcanzarla pero no lograba sujetarla, cuando por fin logró agarrar la muñeca tiró de ella con tanta fuerza que la cuerda que la sujetaba se rompió y la muñeca cayó al suelo haciéndose pedazos.
Al oír el ruido llegaron su madre, su abuela y un tío que la ayudaron a recoger el desastre. con cuidado pegaron los trozos de la muñeca de porcelana y para tapar los huecos que todavía quedaban, la vendaron con un esparadrapo.
A la mañana siguiente, mañana de colegio, ellas se levantó de su silla y se dirigió a la casa de la maestra con su regalo de reyes, Con cuidado apartó los faldones floreados de las otras muñecas y sentó a la suya en medio, presidiendo la reunión de muñecas, le colocó el lazo y las vendas blancas y le acarició las mejillas. ella también tenía ahora una muñeca de porcelana y nadie se la comerla de vuelta del colegio. Pero la suya no era una princesa a la que poner en una repisa y mirar la suya era mucho mejor, era un ángel caido del cielo, una niña soldado que había vuelto herida de la guerra, una princesa convaleciente de un terrible accidente de coche. Menudo regalo. Un regalo de Reyes.
viernes, 13 de diciembre de 2019
CABEZAHUECA
En un remoto lugar de Siberia, junto a un bosque de taiga, a orillas del río Amur, vivía el pueblo de los Nanani.
En aquel remoto y frío pueblo , rodeado de coníferas, nació un hermoso niño llamado Xingú.
Xingú, era un niño como todos los demás, tenía dos ojos, dos orejas, una boca, dos brazos y dos piernas, un cuerpo... pero lo que le hacía excepcional era su belleza, porque Xingú era un niño guapo, pero guapo de verdad y que creció rodeado de quienes le querían que admiraban su belleza. Y a medida que se iba haciéndose mayor, sólo pensaba en una cosa: contemplar su belleza en el río Amur, por lo demás comía, dormía, descansaba, trabajaba poco y pensaba menos. Cuando los demás salían a cazar, él prefería quedarse contemplándose en el río.
- ¡Qué guapo soy!, se decía a sí mismo y esta era la única idea que tenía en la cabeza.
Un buen día sus padres pensaron que había llegado la hora de que Xingú se convirtiera en un cazador de la taiga. Así que le confeccionaron todo el equipo necesario: una chaqueta de cuero bordada con adornos de seda; una gorro de piel de reno, una magníficas botas repujadas realizadas con la piel de un ciervo almizclero, una estupenda capa de la que pendía varias colas de ardilla; pantalones del mejor cuero curtido con rodilleras bordadas en seda, una chaqueta blanca de piel a juego con el gorro; un cinturón adornado que llevaba dos cuchillos sujetos a él: uno de hoja recta y otro de hoja curva. En las manos le pusieron un arco y del hombro, le colgaron un carcaj con sus correspondientes flechas. ¡Daba gusto verlo ataviado de cazador!
También a él le encantó aquel atuendo. No hacía más que acariciar su chaqueta y no paraba de decir:
- ¡Qué guapo estoy!, ¡Qué guapo estoy!..
- ¡Basta!- le dijo su padre- no es el vestido lo que hace al cazador. ¡En marcha!
- ¡Qué guapo estoy!, ¡Qué guapo estoy!..
- ¡Basta!- le dijo su padre- no es el vestido lo que hace al cazador. ¡En marcha!
Pero a Xingú no le apetecía nada moverse de la orilla del río en cuyas aguas podía contemplarse y negó con la cabeza. No quería estropear su indumentaria.
Tan contento estaba por verse tan guapo, que para celebrarlo, comenzó a cantar y a bailar con el arco entre las manos:
- Qué guapo estoy, que guapo estoy, turututu, turututu...Qué guapo estoy, que guapo estoy, turututu, turututu... - y llevado por el ritmo, y casi sin darse cuenta, comenzó a golpearse la cabeza con el arco siguiendo el ritmo:
- Qué guapo estoy, que guapo estoy, bom. bom, bom, bom, bom. bom, bom, bom...
Qué guapo estoy, que guapo estoy, bom. bom, bom, bom, bom. bom, bom, bom...
De pronto el padre le interrumpió.
- ¡Pero bueno!, ¿que es eso?, ¿mi hijo tiene la cabeza hueca?, ¡Suena como un tambor de madera!
Y lo cierto es que cuanto más se golpeaba Xingú, más sonaba a hueco.
- Bom. bom, bom, bom, bom. bom, bom, bom...
- Tengo la cabeza hueca!, bom. bom, bom, bom, bom. bom, bom, bom...
¡Chincha rabiña! bom. bom, bom, bom, bom. bom, bom, bom...
Así que desde aquel día todo el mundo lo empezó a llamar Cabezahueca.
Evidentemente Xingú no podía salir con su padre y los otros hombres del pueblo a cazar en la taiga, con aquella cabeza hueca, porque para cazar había que ser muy despierto, tampoco podía ir a pescar en le río Amur, porque desconocía las artimañas. Tampoco podía ayudar a su madre a salar y ahumar el pescado para el invierno, porque había que ser muy listo para hacerlo bien. Ni podía curtir las pieles y confeccionar los vestidos, como hacían otros muchachos, pues estos requería de gran habilidad y la única habilidad que tenía Xingú era la que utilizaba para tocar el tambor de su cabeza hueca. Y el tiempo pasaba sin que el muchacho hiciera otra cosa que mirarse en el río y rascarse la cabeza.
-¡Ay, ay, ay!, que vamos a hacer con Xingú Cabezahueca... -se lamentaban los padres- si sólo piensa en presumir con esa cabecita suya, tan hermosa como hueca...! y que será de él cuando nosotros faltemos, se morirá de hambre. ¡Ay, ay, ay!
Y buscando una respuesta, se encontraron con una anciana que les dijo:
- La solución es muy sencilla: ¡que se case!
- ¿Y quien va a querer casarse con un muchacho que tiene la cabeza hueca?
- Tengo una hija llamada Angá, somos muy pobres, consentiré que se case con él a cambio de una buena dote.
Los padres se Xingú aceptaron y comenzaron a reunir un gran ajuar con las cosas de mayor valor que poseían y le prometieron a la anciana que nunca le faltaría de nada, así que se acordó la ceremonia.
Angá, la hija de la anciana, lloró mucho al saber que debía casarse con un hombre al que no conocía, pero aceptó, pensando que su pobre madre viviría un poco mejor y tras celebrarse la boda se fueron a vivir a la nueva casa.
Una vez allí Xingu se sentó en una butaca y le dijo a Angá:
- ¡Tu no sabes con quien te has casado!, no encontrarás en todo el mundo un hombre más guapo que yo. ¿a que no sabes que clase de cabeza tengo? ¡es única en el mundo!
Y golpeó fuertemente su cabeza que retumbó como un auténtico tambor.
Angá se quedó horrorizada
- ¡¡Pero como!!, ¿mi marido tiene la cabeza hueca?, ¿y como conseguiremos salir adelante? Y se puso a llorar.
Xingú pensó que su mujer lloraba de la emoción y después de mirarla un rato satisfecho por el efecto que había provocado en su esposa, se durmió.
Angá lo miraba. Tenía una cara agradable, como todo el mundo, con dos ojos, dos orejas, una nariz… ¡pero la cabeza hueca! Y le dio rabia pensar que una cabeza tan vacía fuera tan hermosa.
- No se puede ir por le mundo con esa cara, engañando a la gente. Y como en el pueblo de Angá había la costumbre de pintar los tambores, Tomó un poco de arcilla roja y luego un poco de carbón y fabricó pintura con la que le pintó la cara de tal manera, que ella misma se sorprendió cuando vio el resultado: ¡parecía un demonio!
Cuando Xingú se despertó al día siguiente, fue enseguida a la orilla del río para contemplar su belleza, como hacía siempre. Pero al ver su reflejo en el agua con la cara pintada no se reconoció y preguntó alarmado:
- iEh, tu, majadero! ¿que haces dentro de mis ropas?!. Exclamó indignado.
Pero la máscara no le respondió, eso sí cuando Xingú se acercaba al agua, la máscara se acercaba y cuando se alejaba la máscara se alejaba.
Cabezahueca no lograba entenderlo ¿quién era aquel sinvergüenza y tan feo que llevaba sus ropas y hacía gestos?
- ¡Angá ven! gritó. ¡Alguien me ha quitado la ropa!
- ¿Quien me llama?, preguntó Angá cuando llegó junto a Xingú.
- Soy yo, Xingú. Le dijo cabezahueca.
- ¿Que tu eres Xingú?, tu no me engañas, mi marido es hermoso y tu tienes un aspecto horrible.
- Pues tienes razón... - dijo Xingú- Soy un muchacho muy guapo. Me he visto muchas veces… voy a volver a mirarme otra vez.
Y así lo hizo, pero cuanto más se miraba en el agua, menos e reconocía.
- ¡Esto no me gusta nada! Está claro que he perdido mi cara en alguna parte. Iré a buscarla.
Empezó a andar pensando donde abría podido perder su cabeza si no estaba en el río. De repente tuvo una idea y se golpeó la cabeza con el puño:
- ¡BOOM!
- Soy yo!!, exclamó con alegría
Pero se entristeció de nuevo al asomarse al río y ver de nuevo aquella extraña cara.
- No; no soy yo
¿Como era posible que él, Cabezahueca, no fuera Xingú?, el sonido le decía que sí era él, pero el agua le decía que no. Era un caso muy curioso.
Decidió volver a casa para decirle Angá, que él, Cabezahueca, se marchaba para buscar a Xingú, su esposo, donde quiera que se hubiera metido.
Y así se marchó del pueblo, para buscarse a si mismo.
Y debió de ir tan lejos que aún no ha regresado, lo cual signifique, quizás, que todavía no se ha encontrado.
Cuento tradicional Ruso, recogido en "Cuentos del rio Amur"
Pueblo de los nanai (nanayos). Es una cultura milenaria de la que aún quedan unas 12000 personas. solo 3000, hablan el idioma original.
Nos traen sus historias hasta aquí los viajeros que visitaron estas tierras
La taiga es el tipo de selva característico de Siberia y del norte de Rusia, que limita con la estepa (al sur) y la tundra (al norte). Este bioma está formado por coníferas y presenta un subsuelo helado. Salvo excepciones muy específicas, este término suele utilizarse como sinónimo de bosque boreal.
miércoles, 11 de diciembre de 2019
Pala Cuenta 2019
Conté el cuento de la Zarrampla. en la sección Infantil. Ma pasé de tiempo y me puse nerviosa cuando me sacaron eñl reloj de arena para avisarme...
Estaban este año: Pablo Albo, Elia Tralará, Mario Cosculluela y Estivi
Estaban este año: Pablo Albo, Elia Tralará, Mario Cosculluela y Estivi
EL DÍA QUE BALDOMERO ROBÓ EL SOL
Cuentan, los que cuentos cuentan, que en un pequeño pueblo, no muy lejos de aquí, vivió en tiempos de Maricastaña un pequeño diablillo llamado Baldomero. Vivía en un sótano en profundo, profundo, profundo .
A Baldomero, lo que más le gustaba del mundo era fastidiar a los demás y ver sufrir a la gente, y sobre eso siempre andaba dándole vueltas a la cabeza, inventándose trastadas, con el único afán de divertirse.
Un día se le ocurrió la mayor de las maldades: pensó en robar el Sol. Sólo de pensar el follón que se organizaría en la vida de las personas sin su luz y su calor, le provocaba un regocijo inmenso.
Así que un domingo por la mañana, se levantó muy temprano, se puso unos guantes de cuero para no quemarse y nada más salir el sol lo metió en un saco, y salió corriendo hacia su casa, en las profundidades. Allí lo metió en una enorme jaula para loros y lo escondió debajo de la mesa del comedor, tapándolo con una manta. Luego se subió encima del campanario de la iglesia, que era al punto más alto del pueblo, desde donde podía ver todo estupendamente y se sentó a contemplar el resultado de su fechoría.
Desde allí pudo ver como las plantas privadas de la luz se marchitaban y moría. los animales desconcertados por las tinieblas se escondían o se ponían a hibernar. Y se lo pasó en grande viendo como comenzaba a escasear el alimento y la gente se iba volviendo hosca, desconfiada y huraña, enfadados por la oscuridad y divididos por el hambre. Y cuando Baldomero pensaba que nada podía ir mejor, vio a María.
María era la única persona del pueblo que no estaba triste,ni enfadada. Ella se había acostumbrado desde pequeña a la escasez, y continuaba con sus tareas habituales, cantando, como si tal cosa. estaba buscando algo con lo que preparar la comida para ella y sus trece hermanos.
Baldomero contrariado, la observaba, pensando como podía solucionar aquello. Vio como María abría el frigorífico y sacaba de la última balda oxidada un huevo. Uno, pequeño, para todos.
Entonces Baldomero comenzó a sonreír de nuevo, pensando en la que se liaría con tan poquísima comida para tantos hermanos como eran.
María tomó un platillo de porcelana metálica y un tenedor, cascó el huevo y comenzó a batir con todas sus fuerzas. ¡ Clas, Clas, Clas...!
Baldomero se acomodó en su atalaya, dispuesto a no perder su buen humor. Ese huevo, era tan pequeño, que solo tenía que esperar un poco para contemplar una buena pelea.
María batía el huevo con tanta fuerza que el sonido del tenedor sobre las pareces del plato llegó a oídos de sus vecinas, que intrigadas salieron a investigar.
- ¡María!, ¿que es ese estruendo que sale de tu casa?
- Es que estoy batiendo un huevo
- ¿Un huevo?, ¿y porqué haces tanto ruido?
- Es que mi abuela me dijo una vez que si bates con mucha fuerza, el huevo crece y como sólo tengo uno y somos tantos para comer.... Mi abuela me decía: y que había que preguntar la huevo: ¡¿huevo por que no creciste?!, y el huevo te responde entonces. ¡cochina, por que no me batiste!
- Oye María! volvió a preguntarle una vecina- ¿y tu crees que si te ayudamos podría crecer tanto como para que podamos comer todas?
María dudó un momento ante las miradas hambrientas y triste de las vecinas y después de un rato respondió:
- Bueno... podríamos intentarlo. Pero hará falta un recipiente más grande y algunos...
Antes de que terminara de decir la frase, hubo un revuelo de vecinas y en menos que canta un gallo se empezó a escuchar de nuevo el repiqueteo. Había un montón de manos, cargadas de tenedores batiendo el huevo, alrededor de un enorme lebrillo. El sonido se escuchaba en todo el pueblo ¡ Clas, Clas, Clas, Clas...!
Baldomero estaba como loco imaginando la trifulca que se iba a organizar cuando tantas bocas quisieran comer de un sólo huevo.
No tardaron en llegar la vecinas de la calle de abajo que venía a investigar y que se juntaron en la puerta de María con las de la calle de arriba, que también querían saber de donde procedía aquel sonido. Cuando se enteraron de que había un huevo para comer y como podían hacerlo mayor, convencieron a María de que las dejaran participar en la batida.
- ¡ Huevo por qué no creciste!, ¡cochina, porque no me batiste!
¡ Clas, Clas, Clas, Clas...!
Y el sonido llegaba a otras barriadas del pueblo y continuaban sumándose manos de vecinas a la enorme batida, parecía que el mundo se iba a caer con aquel sonido atronador.
Baldomero, pensaba que aquello no sería una trifulca, sino una verdadera batalla campal y se tronchaba de la risa contemplando el espectáculo.
... y las mujeres venga a batir y venga a batir: ¡ Clas, Clas, Clas, Clas...!
- ¡ Huevo por qué no creciste!, ¡cochina, porque no me batiste!- Bis.
- ¡ Huevo por qué no creciste!, ¡cochina, porque no me batiste!- Bis.
- ¡ Huevo por qué no creciste!, ¡cochina, porque no me batiste!- Bis.
Pero de pronto, el ruido cesó. Baldomero se incorporó limpiándose con la manga la lágrimas de la risa y pudo ver como el huevo había alcanzado un tamaño descomunal y comenzaba a elevarse en el aire, ligero, grande y esponjoso. Subía despacio hacia el cielo ante los ojos tristes y atónito de María, de sus trece hermanos y de todas las vecinas del pueblo. Y aunque no hubo pelea, Baldomero disfrutaba viendo como todos se quedaban sin comer.
Pero de repente, algo sucedió. Aquella bola gigante de color anaranjado se detuvo en medio del cielo y comenzó a repartir el calor y la energía que tantas manos habían puesto en su creación. Y las tinieblas comenzaron a disolverse y volvió la luz y las plantas comenzaron a brotar y los animales salieron de sus escondites y los pájaros comenzaron a cantar y la gente empezó a sonreír.
Baldomero enfadado y con el rabo entre las piernas decidió regresar a casa, en aquel profundo sótano del pueblo. Y al abrir la puerta de casa encontró su hogar tan confortable y calentito que se acomodó en el sillón junto a la mesa, se puso las faldas de la mesa encima de las piernas y pensó que al menos algo de provecho había sacado. Y mientas se iba quedando amodorrado junto a su nueva mesa con brasero, pensó que tampoco pasaba nada por dejar las cosas tal y como estaban... al menos de momento.
Nono Granero
A Baldomero, lo que más le gustaba del mundo era fastidiar a los demás y ver sufrir a la gente, y sobre eso siempre andaba dándole vueltas a la cabeza, inventándose trastadas, con el único afán de divertirse.
Un día se le ocurrió la mayor de las maldades: pensó en robar el Sol. Sólo de pensar el follón que se organizaría en la vida de las personas sin su luz y su calor, le provocaba un regocijo inmenso.
Así que un domingo por la mañana, se levantó muy temprano, se puso unos guantes de cuero para no quemarse y nada más salir el sol lo metió en un saco, y salió corriendo hacia su casa, en las profundidades. Allí lo metió en una enorme jaula para loros y lo escondió debajo de la mesa del comedor, tapándolo con una manta. Luego se subió encima del campanario de la iglesia, que era al punto más alto del pueblo, desde donde podía ver todo estupendamente y se sentó a contemplar el resultado de su fechoría.
Desde allí pudo ver como las plantas privadas de la luz se marchitaban y moría. los animales desconcertados por las tinieblas se escondían o se ponían a hibernar. Y se lo pasó en grande viendo como comenzaba a escasear el alimento y la gente se iba volviendo hosca, desconfiada y huraña, enfadados por la oscuridad y divididos por el hambre. Y cuando Baldomero pensaba que nada podía ir mejor, vio a María.
María era la única persona del pueblo que no estaba triste,ni enfadada. Ella se había acostumbrado desde pequeña a la escasez, y continuaba con sus tareas habituales, cantando, como si tal cosa. estaba buscando algo con lo que preparar la comida para ella y sus trece hermanos.
Baldomero contrariado, la observaba, pensando como podía solucionar aquello. Vio como María abría el frigorífico y sacaba de la última balda oxidada un huevo. Uno, pequeño, para todos.
Entonces Baldomero comenzó a sonreír de nuevo, pensando en la que se liaría con tan poquísima comida para tantos hermanos como eran.
María tomó un platillo de porcelana metálica y un tenedor, cascó el huevo y comenzó a batir con todas sus fuerzas. ¡ Clas, Clas, Clas...!
Baldomero se acomodó en su atalaya, dispuesto a no perder su buen humor. Ese huevo, era tan pequeño, que solo tenía que esperar un poco para contemplar una buena pelea.
María batía el huevo con tanta fuerza que el sonido del tenedor sobre las pareces del plato llegó a oídos de sus vecinas, que intrigadas salieron a investigar.
- ¡María!, ¿que es ese estruendo que sale de tu casa?
- Es que estoy batiendo un huevo
- ¿Un huevo?, ¿y porqué haces tanto ruido?
- Es que mi abuela me dijo una vez que si bates con mucha fuerza, el huevo crece y como sólo tengo uno y somos tantos para comer.... Mi abuela me decía: y que había que preguntar la huevo: ¡¿huevo por que no creciste?!, y el huevo te responde entonces. ¡cochina, por que no me batiste!
- Oye María! volvió a preguntarle una vecina- ¿y tu crees que si te ayudamos podría crecer tanto como para que podamos comer todas?
María dudó un momento ante las miradas hambrientas y triste de las vecinas y después de un rato respondió:
- Bueno... podríamos intentarlo. Pero hará falta un recipiente más grande y algunos...
Antes de que terminara de decir la frase, hubo un revuelo de vecinas y en menos que canta un gallo se empezó a escuchar de nuevo el repiqueteo. Había un montón de manos, cargadas de tenedores batiendo el huevo, alrededor de un enorme lebrillo. El sonido se escuchaba en todo el pueblo ¡ Clas, Clas, Clas, Clas...!
Baldomero estaba como loco imaginando la trifulca que se iba a organizar cuando tantas bocas quisieran comer de un sólo huevo.
No tardaron en llegar la vecinas de la calle de abajo que venía a investigar y que se juntaron en la puerta de María con las de la calle de arriba, que también querían saber de donde procedía aquel sonido. Cuando se enteraron de que había un huevo para comer y como podían hacerlo mayor, convencieron a María de que las dejaran participar en la batida.
- ¡ Huevo por qué no creciste!, ¡cochina, porque no me batiste!
¡ Clas, Clas, Clas, Clas...!
Y el sonido llegaba a otras barriadas del pueblo y continuaban sumándose manos de vecinas a la enorme batida, parecía que el mundo se iba a caer con aquel sonido atronador.
Baldomero, pensaba que aquello no sería una trifulca, sino una verdadera batalla campal y se tronchaba de la risa contemplando el espectáculo.
... y las mujeres venga a batir y venga a batir: ¡ Clas, Clas, Clas, Clas...!
- ¡ Huevo por qué no creciste!, ¡cochina, porque no me batiste!- Bis.
- ¡ Huevo por qué no creciste!, ¡cochina, porque no me batiste!- Bis.
- ¡ Huevo por qué no creciste!, ¡cochina, porque no me batiste!- Bis.
Pero de pronto, el ruido cesó. Baldomero se incorporó limpiándose con la manga la lágrimas de la risa y pudo ver como el huevo había alcanzado un tamaño descomunal y comenzaba a elevarse en el aire, ligero, grande y esponjoso. Subía despacio hacia el cielo ante los ojos tristes y atónito de María, de sus trece hermanos y de todas las vecinas del pueblo. Y aunque no hubo pelea, Baldomero disfrutaba viendo como todos se quedaban sin comer.
Pero de repente, algo sucedió. Aquella bola gigante de color anaranjado se detuvo en medio del cielo y comenzó a repartir el calor y la energía que tantas manos habían puesto en su creación. Y las tinieblas comenzaron a disolverse y volvió la luz y las plantas comenzaron a brotar y los animales salieron de sus escondites y los pájaros comenzaron a cantar y la gente empezó a sonreír.
Baldomero enfadado y con el rabo entre las piernas decidió regresar a casa, en aquel profundo sótano del pueblo. Y al abrir la puerta de casa encontró su hogar tan confortable y calentito que se acomodó en el sillón junto a la mesa, se puso las faldas de la mesa encima de las piernas y pensó que al menos algo de provecho había sacado. Y mientas se iba quedando amodorrado junto a su nueva mesa con brasero, pensó que tampoco pasaba nada por dejar las cosas tal y como estaban... al menos de momento.
Nono Granero
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