viernes, 13 de diciembre de 2019

CABEZAHUECA


En un remoto lugar de Siberia, junto a un bosque de taiga, a orillas del río Amur, vivía el pueblo de los Nanani. 
En aquel remoto y frío pueblo , rodeado de coníferas, nació un hermoso niño llamado Xingú. 
Xingú, era un niño como todos los demás, tenía dos ojos, dos orejas, una boca, dos brazos y dos piernas, un cuerpo... pero lo que le hacía excepcional  era su belleza, porque Xingú era un niño guapo, pero guapo de verdad y que creció rodeado de quienes le querían que admiraban su belleza. Y a medida que se iba haciéndose mayor, sólo pensaba en una cosa: contemplar su belleza en el río Amur, por lo demás comía, dormía, descansaba, trabajaba poco y pensaba menos. Cuando los demás salían a cazar, él prefería quedarse contemplándose en el río. 

- ¡Qué guapo soy!, se decía a sí mismo y esta era la única idea que tenía en la cabeza. 

Un buen día sus padres pensaron que había llegado la hora  de que Xingú se convirtiera en un cazador de la taiga.  Así que le confeccionaron todo el equipo necesario: una chaqueta de cuero bordada con adornos de seda; una gorro de piel de reno, una magníficas botas repujadas realizadas con la piel de un ciervo almizclero, una estupenda capa de la que pendía varias colas de ardilla; pantalones del mejor cuero curtido con rodilleras bordadas en seda, una chaqueta blanca de piel a juego con el gorro; un cinturón adornado que llevaba dos cuchillos sujetos a él: uno de hoja recta y otro de hoja curva. En las manos le pusieron un arco y del hombro, le colgaron un carcaj con sus correspondientes flechas. ¡Daba gusto verlo ataviado de cazador!
También a él le encantó aquel atuendo. No hacía más que acariciar su chaqueta y no paraba de decir:
- ¡Qué guapo estoy!, ¡Qué guapo estoy!..
- ¡Basta!- le dijo su padre- no es el vestido lo que hace al cazador. ¡En marcha!
Pero a Xingú no le apetecía nada moverse de la orilla del río en cuyas aguas podía contemplarse y negó con la cabeza. No quería estropear su indumentaria.
Tan contento estaba por verse tan guapo, que para celebrarlo, comenzó a cantar y a bailar con el arco entre las manos:

- Qué guapo estoy, que guapo estoy, turututu, turututu...Qué guapo estoy, que guapo estoy, turututu, turututu... - y llevado por el ritmo, y casi sin darse cuenta, comenzó a golpearse la cabeza con el arco siguiendo el ritmo:
- Qué guapo estoy, que guapo estoy, bom. bom, bom, bom, bom. bom, bom, bom...
  Qué guapo estoy, que guapo estoy, bom. bom, bom, bom, bom. bom, bom, bom...

De pronto el padre le interrumpió.
- ¡Pero bueno!, ¿que es eso?, ¿mi hijo tiene la cabeza hueca?, ¡Suena como un tambor de madera!

Y lo cierto es que cuanto más se golpeaba Xingú, más sonaba a hueco.
- Bom. bom, bom, bom, bom. bom, bom, bom...

La gente del pueblo salió de sus casas para ver de donde procedía aquel sonido de tambores y encontraron a Xingú golpeándose la cabeza con euforia satisfecho de que sonara de aquel modo.
- Tengo la cabeza hueca!, bom. bom, bom, bom, bom. bom, bom, bom...
¡Chincha rabiña! bom. bom, bom, bom, bom. bom, bom, bom...

Así que desde aquel día todo el mundo lo empezó a llamar Cabezahueca.

Evidentemente Xingú no podía salir con su padre y los otros hombres del pueblo a cazar  en la taiga, con aquella cabeza hueca, porque para cazar había que ser muy despierto, tampoco podía ir a pescar en le río Amur, porque desconocía las artimañas. Tampoco podía ayudar a su madre a salar y ahumar el pescado para el invierno, porque había que ser muy listo para hacerlo bien. Ni podía curtir las pieles y confeccionar los vestidos, como hacían otros muchachos, pues estos requería de gran habilidad y la única habilidad que tenía Xingú era la que utilizaba para tocar el tambor de su cabeza hueca. Y el tiempo pasaba sin que el muchacho hiciera otra cosa que mirarse en el río y rascarse la cabeza.

-¡Ay, ay, ay!, que vamos a hacer con Xingú Cabezahueca... -se lamentaban los padres- si sólo piensa en presumir con esa cabecita suya, tan hermosa como hueca...! y que será de él cuando nosotros faltemos, se morirá de hambre. ¡Ay, ay, ay!

Y buscando una respuesta, se encontraron con una anciana que les dijo:
- La solución es muy sencilla: ¡que se case!
- ¿Y quien va a querer casarse con un muchacho que tiene la cabeza hueca?
- Tengo una hija llamada Angá, somos muy pobres, consentiré que se case con él a cambio de una buena dote. 
Los padres se Xingú aceptaron y comenzaron a reunir un gran ajuar con las cosas de mayor valor que poseían y le prometieron a la anciana que nunca le faltaría de nada, así que se acordó la ceremonia.

Angá, la hija de la anciana, lloró mucho al saber que debía casarse con un hombre al que no conocía, pero aceptó, pensando que su pobre madre viviría un poco mejor y tras celebrarse la boda se fueron a vivir a la nueva casa.  

Una vez allí Xingu se sentó en una butaca y le dijo a Angá:

- ¡Tu no sabes con quien te has casado!, no encontrarás en todo el mundo un hombre más guapo que yo. ¿a que no sabes que clase de cabeza tengo? ¡es única en el mundo!

Y golpeó fuertemente su cabeza que retumbó como un auténtico tambor. 

Angá se quedó horrorizada

- ¡¡Pero como!!, ¿mi marido tiene la cabeza hueca?, ¿y como conseguiremos salir adelante? Y se puso a llorar. 

Xingú pensó que su mujer lloraba de la emoción y después de mirarla un rato satisfecho por el efecto que había provocado en su esposa, se durmió.

Angá lo miraba. Tenía una cara agradable, como todo el mundo, con dos ojos, dos orejas, una nariz… ¡pero la cabeza hueca! Y le dio rabia pensar que una cabeza tan vacía fuera tan hermosa. 
- No se puede ir por le mundo con esa cara, engañando a la gente. Y como en el pueblo de Angá había la costumbre de pintar los tambores, Tomó un poco de arcilla roja y luego un poco de carbón y fabricó pintura con la que le pintó la cara de tal manera, que ella misma se sorprendió cuando vio el resultado: ¡parecía un demonio!
Cuando Xingú se despertó al día siguiente, fue enseguida a la orilla del río para contemplar su belleza, como hacía siempre. Pero al ver su reflejo en el agua con la cara pintada no se reconoció y preguntó alarmado:
- iEh, tu, majadero! ¿que haces dentro de mis ropas?!. Exclamó indignado.
Pero la máscara no le respondió, eso sí cuando Xingú se acercaba al agua, la máscara se acercaba y cuando se alejaba la máscara se alejaba. 
Cabezahueca no lograba entenderlo ¿quién era aquel sinvergüenza y tan feo que llevaba sus ropas y hacía gestos?

- ¡Angá ven! gritó. ¡Alguien me ha quitado la ropa!
- ¿Quien me llama?, preguntó Angá cuando llegó junto a Xingú. 
- Soy yo, Xingú. Le dijo cabezahueca. 
- ¿Que tu eres Xingú?, tu no me engañas, mi marido es hermoso y tu tienes un aspecto horrible.
- Pues tienes razón... - dijo Xingú-  Soy un muchacho muy guapo. Me he visto muchas veces… voy a volver a mirarme otra vez. 
Y así lo hizo, pero cuanto más se miraba en el agua, menos e reconocía.
¡Esto no me gusta nada! Está claro que he perdido mi cara en alguna parte. Iré a buscarla.
Empezó a andar pensando donde abría podido perder su cabeza si no estaba en el río. De repente tuvo una idea y se golpeó la cabeza con el puño: 
- ¡BOOM! 
- Soy yo!!, exclamó con alegría
Pero se entristeció de nuevo al asomarse al río y ver de nuevo aquella extraña cara. 
- No; no soy yo
¿Como era posible que él, Cabezahueca, no fuera Xingú?, el sonido le decía que sí era él, pero el agua le decía que no. Era un caso muy curioso. 

Decidió volver a casa para decirle Angá, que él, Cabezahueca, se marchaba para buscar a Xingú, su esposo, donde quiera que se hubiera metido. 

Y así se marchó del pueblo, para buscarse a si mismo.

Y debió de ir tan lejos que aún no ha regresado, lo cual signifique, quizás, que todavía no se ha encontrado.



Cuento tradicional Ruso, recogido en "Cuentos del rio Amur"
Pueblo de los nanai (nanayos). Es una cultura milenaria de la que aún quedan unas 12000 personas. solo 3000, hablan el idioma original.
Nos traen sus historias hasta aquí los viajeros que visitaron estas tierras
La taiga es el tipo de selva característico de Siberia y del norte de Rusia, que limita con la estepa (al sur) y la tundra (al norte). Este bioma está formado por coníferas y presenta un subsuelo helado. Salvo excepciones muy específicas, este término suele utilizarse como sinónimo de bosque boreal.

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