jueves, 17 de diciembre de 2020

EL REY ACEBO y EL REY ROBLE

PRINCIPIO

Cuenta la historia que hace mucho, mucho tiempo, cuando los celtas reinaban en Europa, hubo dos reyes gemelos que vivía en un palacio y siembre andana peleando por que los dos quería reinar.

PERSONAJES

Uno llevaba una gruesa capa roja, una corona en la cabeza hecha con hojas acebo y sus frutos rojos, una larga barba blanca con hojas de hiedra, tenía los ojos verdes y de la cabeza le salían dos enormes cuernos de macho cabrío. El Rey Acebo, le llamaba.

Su hermano, llevaba una ligera túnica verde, una corona hecha de hojas de roble y bellotas, tenía una  barba morena poblada de pequeñas flores, ojos eran brillantes y castaños y de su cabeza sobresalían dos cuernos de cabrito. El Rey Roble, lo llamaban.

Un día llegó andando hasta el palacio una hermosa peregrina. Llevaba más de trescientos días caminando. Su pelo era del color del trigo, sus ojos como el barro húmedo, su vestido era marrón y llevaba una capa de arena. Todos la llamaban Tierra.

CONFLICTO

Los dos hermanos, al verla, sintieron que algo en su corazón cambiaba y se enamoraron perdidamente de ella y sus peleas de hermanos  se convirtieron en una auténtica batalla. Cada mañana al despuntar el sol, ambos reyes sacaban sus armas y luchaban hasta que caía el sol. Acebo combatía con un témpano de hielo, Roble con una afilada vara, peleaban y peleaban, pero ninguno de los dos lograba vencer al otro, porque ambos eran igual de fuertes. 

Pero los días pasaban y poco a poco las noches se fueron haciendo cada vez más largas y empezó  llegar el frío, un manto blanco cubría la tierra. Roble iba perdiendo fuerza en la batalla, cada vez estaba más encogido y tembloroso, mientras que Acebo había ganado en esplendor. Un día Acebo lanzó un enorme soplido helado sobre Roble y este cayó derrotado al suelo siendo cubierto por una espesa capa de escarcha. 

Acebo entonces, ocupó por fin el trono y la noche del solsticio de invierno, la mas larga del año, se casó con Tierra. El palacio entero fue decorado con coronas de hiedr, muérdago y acebo, con castañas y con uvas, con piñas... Acebo reinó junto a su reina Tierra.

Pero poco a poco los días se iban alargando y el sol comenzó a caldear de nuevo el palacio y Acebo comenzó a sentir abatimiento y sudores. El viento templado de marzo desheló los campos que comenzaron a llenarse de flores y El Rey Roble despertó y se puso su túnica verde y entonces fue en busca de su hermano para soplar sobre él un cálido viento y Acebo perdió sus frutos, cayó al suelo y fue cubierto por un manto de verde hierba. 

Entonces el Rey Roble tomó la corona y se casó con la Reina Tierra la noche del solsticio de verano, la más corta del año. Y decoró el palacio con flores de todos los colores, con higos y granadas secas, con fresas y con cerezas y Roble reinó junto a tierra. 

FINAL

Pero, una vez más, poco a poco, los días comenzaron a menguar y las noches a crecer y de nuevo llegó el frío y Acebo, con los primeros vientos helados de octubre recuperó sus frutos rojos y su fuerza, de nuevo estaba listo para la batalla. Y cuentas que con su gruesa capa roja se montó en un trineo tirado por ocho renos y salió volando por los aires. ¿Os recuerda a alguien? 

viernes, 13 de marzo de 2020

Sesión dialogada

Tras la sesión de cuentos realizaremos una charla debate. 
Estas son algunas ideas:
1. El planteamiento inicial de los interrogantes será muy abierto, dejando amplio margen a la aportación natural del niño y la niña.
Por ejemplo: - Qué os apetece comentar
                     - ¿Alguien quiere decir algo?

Luego se plantearán cuestiones más concretas
-¿Qué cuento les ha gustado más? y por qué
- ¿cual menos? por qué
- ¿Que es lo que no te ha gustado del cuento?
- ¿Cual es tu malo favorito de cuento?
-¿Cambiaríais algo del cuento?, ¿como lo harías?
- Se os ocurre un final distinto?

para finalizar el debate el cierre sea semiguiado, no un debate abierto

PROPUESTAS PARA EJERCICIOS
1. ¿De donde viene tu nombre?
Puede hacerse una ronda diciendo cada uno su nombre y de donde viene ese nombre, puede ser real o inventado. 

EL REFLEJO EN EL CUENTO TRADICIONAL
 3 hermanos, una misma prueba, tres intentos, uno por cada hermano. El mismo conflicto tiene diferentes cauces de solución, son diferentes versiones del planteamiento inicial, como en un espejo, un reflejo que se replica.
primer intento
segundo intento
tercer intento en el que aprenden de los errores



jueves, 13 de febrero de 2020

Colorado Colorín

SOBRE EL AMOR DE PAREJA

LA CESTA. Cuento tradicional bosquimano. 
(A dos voces). 


Un pastor bosquimano, que cuidaba de sus vacas como si fueran sus hijas. Las llevaba cada día sus a pastar al más verde de los campos y por la noche las guardaba en el corral dejándolas satisfecho mientras rumiaban. Pensaba que por la mañana podría recoger la mejor leche. 
Una mañana se sorprendió al descubrir que  las ubres estaban flácidas, arrugadas y vacías y así sucedió un día y otro día y otro. Intentando descubrir aquel misterio, se quedó a pasar la noche en el corral para ver que sucedía. A media noche vio como una escalera, ricamente tejida con cuerda  plateada, descendía de las estrellas y por ella bajaban unas mujeres jóvenes, hermosas como la noche, con unas cestas en el brazo y unas cántaras a la espalda, susurrando y  riéndose entre ellas. Vio como se ponían a ordeñar el ganado y volvían a subir por la escalera con las las cántaras llenas. Antes de que la última subiera, salió de su escondite y la tomó por sorpresa en sus brazos, desde arriba recogieron la escalera y él se llevó a la muchacha a casa. 
No pasó mucho tiempo hasta que el pastor tuvo la cereza de que ella le amaba tiernamente,  porque no le miraba a los ojos, y le pidió matrimonio, ella contestó que sí, pero le puso una condición: que nunca mirara dentro de su cesta, a menos que ella no se lo permitiera. Él se lo prometió y desde aquel día no tuvo más problemas con la gente del cielo. Los días pasaron y fueron felices. Pero una tarde, que ella había salido, él encontró la cesta encima de la mesa y asaltado por la curiosidad quiso mirar en su interior y la abrió, asombrado comenzó  a reírse. 
Cuando ella regresó supo enseguida lo que había sucedido y con los ojos llenos de lágrimas le dijo: 
- ¡Miraste dentro de la cesta!. 
- Pero mujer loca, si no había nada dentro...
- ¿Nada? - contestó ella- 
- ¡Nada!
Entonces ella se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el poniente, perdiéndose entre los rayos de sol. Nunca nadie la volvió a ver en la tierra. 

Ella no se marchó por que hubiera roto su promesa, sino  porque al mirar dentro la cesta él no había podido ver nada.
Ella la había llenado de las cosas hermosas que había recolectado para compartir con él: la luz de las estrellas, el color del bosque en las noches de luna llena, olor a cantueso, las constelaciones que dibujaba con el dedo, colas de cometa... cosas destinadas a llenarlos de felicidad, pero cuando supo que él no había podido verlas, supo que no había nada pudiera hacer, ya no tenía sentido permanecer en la tierra y desapareció. 




SS.

LA TÍA MISERIA. Cuento tradicional español.


La tía Miseria era una mujer viejísima, tan vieja que era imposible encontrar a alguien que supiera a ciencia cierta la edad que tenía. Decían los chistosos que cuando caminada la sobrevolaban tres o cuatro buitres. Decían los poetas que si la mirabas a los ojos podías ver como la tierra entera se cuarteaba.
Además de vieja, Miseria era pobre, muy pobre. Vivía en una humilde choza a las afueras de un pequeño pueblo junto a su perrito Tarro. Tenía un hijo, Ambrosio,  pero andaba los caminos pidiendo limosna y casi nunca estaba en casa.  Lo único que poseía Miseria de valor era un peral, un árbol hermoso, que en otoño daba unas jugosas peras, pero de las que Miseria nunca podía llegar a disfrutarlas,  porque los muchachos del pueblo venían a robárselas sin que siquiera llegaran a madurar y rara vez Miseria llegaba a catar ninguna. lo más que podía hacer las anciana mientras descubría a los muchachos encaramados al árbol era protestar e insultarles y azuzarles a perro, pero entonces los niños huían dejando el peral vacío. 
Y año tras años Miseria lo único que podía hacer era pedir por el pueblo, algo de comida, para sobrevivir.
Una noche de tormenta, era invierno, llamó a la choza de Miseria un hombre muy pobre, mucho más pobre que ella, pidiendo algo de comer. Tía Miseria le invitó a entrar y compartió con él su escasa cena: una sopas de tocino rancio que apenas sabían a nada y un vaso de vino picado, que aquel hombre le supo a gloria. Luego partió por la mitad el jergón de paja en el que dormía e invitó al pobre a pasar la noche, junto a ella, en el suelo de su choza. A la mañana siguiente la mujer no consintió que marchara de su casa sin haber comido antes algo. La dijo que le esperara mientras ella iba a recoger unos mendrugos de pan que una vecina le había prometido la noche anterior. 
Aquel hombre al ver el buen corazón que tenía Miseria le confesó que aunque le viera con aquello harapos, él en realidad era un hombre mágico, capaz de concederle cualqueir tipo de deseo.
- ¡Vamos Miseria, pídeme algo, cualquier cosa!
- Y yo que te voy a pedir, si yo tengo todo lo que necesito, no necesito nada
- No seas orgullosa mujer, aporvecha tu suerte, algúna cosa querrás.... 
- Pues no, la verdad
pero tanto y tanto insistió el hombre que a la mujer se le vino una idea a la cabeza.
- Bueno sí, tengo una petición: que cualquiera que se suba a mi peral no pueda bajar a menos que yo se lo mande. 
- Si con eso te conformas, mujer, deseo concedido.
Enseguida se empezaron a notar lo efectos de aquella extraña concesión y cuando los primeros niños se subieron al peral a robar las frutas, se quedaron allí presos
- Ay granujas!!! ahora me las vais a pagar todas juntas... 
Y les golpeaba con le báculo en el que se apoyaba hasta que sentía lástima de ellos y les dejaba bajar y luego les azuzaba al perro que les mordía el culo y llegaban a casa con los pantalones hechos jirones.  
Poco a poco se fue corriendo la voz en el pueblo de que el peral de la tía Miseria estaba endiablado y poco a poco los niños dejaron de ir a robar las peras y llegaron para la anciana unos años buenos. podía comer sus propias peras, pero además las podía vender y con lo que sacaba empezó a vivir con dignidad.

Pero una fría noche de tormenta alguien llamó a la puerta tres veces. Miseria abrió la puerta y en el trasluz de una noche de media luna, pudo ver la figura de un hombre, alto, seco, con una guadaña al hombro.
Misería supo enseguida quien era, pero ella no quería morir.
- ¿A qué vienes tu?! Le dijo, ahora que estoy en lo mejor de mis días.
- Miseria, vengo a buscarte y tiensd que venirte con migo
- De es nada, no pienso marchar contigo. Yo me quedo, me quedo y me quedo
- Eso no puede ser mujer, tu hora a llegado y eso es improrrogable, tienes que acompañarme
- Que no
- Que no discutas
- Que no
- Que es imposible
Tanto y tanto insistió la muerte que la mujer le dijo finalmente
- De acuerdo muerte, si eres mi destino, acepto, te acopañaré. Pero antes quiero pedirte un favor.
- Pues que deseas mujer.
- Pues mira, yo voy a entrar un momento dentro, quiero adecentarse para el último viaje. Tu mientras tanto quiero que te subas al peral y cojas esas tres peras que quedan para el viaje  y así podremos refrescarnos durante el camino.
A la muerte aquella le pareció una idea fantástica y sin pensárselo dos veces se subió al peral, una vez arriba notó una fuerza irresistible que no la dejaba bajar. 
Mierntras tanto Miseria, asimada a la ventana de su choza, se desternillaba viendo como la muerte estaba atrapada en su peral
- Muerte traicionera, quédate ahí prisionera, que yo me quedo en mi choza y no me pienso marchar.
Y allí se quedó la muerte. 
Y pasaron días, semanas, meses y años sintiéndose la falta de la muerte en el mundo, nadie, absolutamente nadie moría. Los ancianos se hacían cada vez más viejos sin encontrar el final. Los enfermos abarrotaban los hospitales y muchos suplicaban a los médicos que les diran algún remedio que acabara con su sufrimiento sin que los médicos pudieran hacer nada. la gente intentaba morir sin conseguirlo: se acuchillaban los unos a los otros, se arrojaban de precipicios, intentaban ahogarse en el mar... pero ni en las guerras moría nadie y la tierra iba llenándose de enfermos y moribundos y daba pena de ver, la muerte no podía hacer su trabajo por que estaba colgada del peral de la tía Miseria y no podía bajar de allí a menos que la anciana le diera permiso.
Todo el mundo andaba buscando a la muerte y los médicos estaban desesperados y se asociaron y la buscaron por todas partes y hasta eL  infierno llegaron, descubriendo que el ultimo que había vist a la muerte era el mismísimo demonio. 
- Claro!, creo recordar que la última vez que la vi iba a buscar a Miseria. Y yo también estoy cansado de ver aquí siempre las mismas caras, que no me entra nadie desde hace un montón de tiempo... 
Así que se fuero todos a casa de la Tía Miseria: médicos, moribundos, gentes del pueblo y a la cabeza de la manifestación el mismísimo demonio.
Y cuando llegan, a casa de Miseria, y se encuentran allí a la muerte colgada del peral , no lo podían creer
- Pero que haces ahí arriba -pregunta el demonio- ¿tu sabes a que estas liando?
- Pues es que no puedo bajar
- ¡Anda! dejate de tonterías y baja inmediatamente, que tienes el mundo hecho un cristo...
- Que te digo que no puedo, que Miseria me tiene que autorizar y que no le da la gana...
- ¿Es eso cierto Miseria?
- Que no que no y que no, que si la dejo bajar me lleva y yo quiero vivir, vivir y vivir...

- Pero mujer...
-Que nó...
Entonces el demonio mandó subir a unos cuantos hombres al peral para que ayudaran a la muerte a bajar, pera cada hombre que subía allí, untentando tirar de las piernas a la muerte, se quedaba pegado y poco a poco el peral se fue llenando de racimos de personas que no podían bajar.
Entonces probaron los mejores leñadores a cortar con sus hachas el árbol pero las herramientas quedaban melladas como si fueran de estaño.
La tía Miseria contemplaba el espectáculo desde la ventana de su choza
- Es inútil todo lo que trabajéis nadie puede bajar del peral sin mi permiso y no pienso darlo, que yo quiero vivir, VIVIR... jajajajaja 
Y se corrió la voz del enorme poder de la anciana y llegaron hasta la choza de Miseria hombre y mujeres importantes llegados de todas las partes del mundo a suplicar a la mujer que dejara bajar a la muerte, que la dejara a¡hacer su trabajo, que daba pena de ver que mundo como estaba, todo lleno de gente moribunda que no moría a pesar de las calamidades que estaban pasando... 
Y de tanto insistir, acabaron  convenciendo a la buena mujer, que lo que más amaba en el mundo era la vida que la dejara bajar, pero a cambio puso una condición.
- De acuerdo, ella bajará si me promete que no vendrá a llevarme ni a mi ni a mi hijo Ambrosio, a menos que yo la llame tres veces.
El demonio y la muerte anduvieron discutiendo un rato pero finalmente aceptaron
-  De cuerdo, aceptamos
Aco seguido la muerte bajó del peral y se puso a cortar pescuezos a diestro y siniestro, morían a millones por todo el mundo, todo el que buscaba la muerte la encontraba y a quien la tocaba morir moría, que era lo natural. 
Bueno, todos no, la tía Miseria y su hijo Ambrosio siguen aquí. es por eso que dicen que aún continúa habiendo en el mundo Hambre Y Miseria. 

SOBRE EL AMOR A UNO MISMO

CABEZAHUECA. Cuento tradicional siberiano



SOBRE EL AMOR DESPUÉS DE LA VIDA

EL FANTASMA CON ASMA. Carmen Gil

Godofredo, el matasanos
se ha levantado temprano
va a visitar a un paciente
más raro de lo corriente

Es un fantasma, con asma
que ya ni asusta ni pasma.
Tese mucho, aulla poco 
y estornuda como un loco

Vive de noche y de día 
en una mansión muy fría
Muy cerquita de la luna 
y más solo que la una

Con bufanda, gorro y guantes
vaga el espíritu errante
Por lugar tan poco cálido
y está pálido y escuálido

Godofredo, en nochebuena
va a curar al alma en pena
y examina cn sus lentes
pacientemente al paciente

Con atención exclusiva
lo mira de abajo a arriba
con esmero y con trabajo
lo mira de arriba a abajo.

Después de una hora y media
consulta su enciclopedia
y contra todo pornóstico
da el médico su diagnóstico:

Este fantasmal fantasma
no tiene gripe ni asma
de lo que sufre en verdad
es de una gran soledad

Esa constante friolera
es de dentro, no de fuera
que a un corazón sin amor
se le va todo el calor

Le receta el recetante
una receta brillante:
Dosis enormes de afecto
para mejorar su aspecto.

Besos, caricias, cosquillas
ni jarabes, ni pastillas
Cucamonas y achuchones
Ni pomadas ni inyecciones.

Y le da el curalotodo
pensando un poquito en todo
las señas de unos fantasmas
que van a curarle el asma

Viven en una atalaya
muy cerquita de la playa
junto a un enorme membrillo
en una castillo amarillo

Vaga y vaga el vagabundo
recorriendo medio mundo
y da en un lugar ventoso
con el castillo dichoso

Un fantasma hospitalario
un poquito estrafalario
le ofrece albergue y cobijo
y lo trata como a un hijo

Tres fantasmitas llorones
le dan cientos de achuchones
y una fantasma con moña
cariños y carantoñas

Con tanta zalamería
ya el fantasma no se enfría
está fuerte como un roble
y canta y se ríe el doble

Y aquí se acaba este cuento
sin cataplasmas ni ungüentos
y es que el cariño a raudales
alivia todos los males


SOBRE EL AMOR AL MUNDO

LA TEJEDORA

Sssssissss, ssssasss

Sssssissss, ssssasss
Sssssissss, ssssasss

La Tejedora, teje el mundo, se necesita mucho amor para tejer el mundo

La Tejedora, está muy vieja, ha invertido muchos años de amor en tejer el mundo
Teje el árbol con el pájaro, el pájaro con el viento, el viento con la tierra, la tierra con el hombre el hombre con la mujer, la mujer con el hijo, el hijo con la mujer, la mujer con el hombre, el hombre con la tierra, la tierra con el viento con el pájaro, el pájaro con el árbol... ella teje, siempre teje.

Los tejidos de la tejedora son frágiles
Sssssissss, ssssasss
pero vitales
Sssssissss, ssssasss
Todo el tiempo se rompen y ella todo el tiempo tiene que reconstruirlos.

Cada vez que los tejidos se rompen se hacen más frágiles y delicados, cada vez el hilo es más fino y cada vez es más difícil de tejer.

Sssssissss, ssssasss
Sssssissss, ssssasss
Sssssissss, ssssasss

La tejedoras está muy vieja y muy sola...
tiene que conseguir un novio para poder tener hijos, para que ellos puedan seguir tejiendo el mundo.
Pero la tejedora se ha vuelto fea, no tiene dientes, su cara está llena de verrugas y le resulta difícil conseguir compañero. Está vieja y cansada. Los hilos está empezando a romperse más rápido de lo que la tejedora puede tejer.
Trabaja tantas horas tejuendo el mundo y tanto trabajo, le damos que no tiene tiempo para conseguir novio. La tejedora no consigue novio y se va a morir. No hay quien pueda reemplazarla en su labor de tejer el mundo.


SOBRE EL AMOR CARNAL ENTRE BRUJAS Y DEMONIOS

EL JOROBADO Y LAS BRUJAS


SOBRE AL AMOR A LA HUMANIDAD. 

UN MAR DE HOGUERAS. Eduardo Galeano
(A dos voces)

Cuentan que un hombre del pueblo de Negua en la costa Colombiana, subió un día a la montaña más alta del mundo y al volver contó lo que desde arriba había visto la vida humana.
- La vida es un mar de hogueras. -dijo- El mundo es eso, un montón de gente, un mar de hogueras. No hay dos fuegos iguales, cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
Hay fuegos grandes y fuegos pequeños y fuegos de todos los colores.
Hay gente de fuego sereno que ni se entera del viento  y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. 
Hay fuegos bobos que ni alumbran, ni queman. Pero otros arden la vida con tal intensidad que no puedes dejar de mirarlos y deslumbran y tienes que entornar los ojos y se te acercas, te enciendes. 

OTRAS VERSIONES ENCONTRADAS DE LA CESTA


Erase  una vez  un hombre  que estaba profundamente enamorado de una mujer. La veía pasar todos los días con una cesta de mimbre colgada el brazo.
El sabía que ella le amaba tiernamente porque nunca le miraba a los ojos. 

Un día, le pidió matrimonio y ella contestó que sí, pero le puso una sola condición: que nunca mirara dentro de la cesta de mimbre hasta que ella le diera permiso. Así se casaron y fueron muy felices.
Pero el marido pronto olvidó su promesa y un día que ella había ido al mercado abrió la cesta. Asombrado, comenzó a reírse.
Estaba vacía. Cuando ella llegó los ojos se le nublaron de lágrimas, de alguna manera supo que él había roto la promesa y le miró acusadora y llena de pena.
El trató de defenderse: "Mujer loca, no había nada allí dentro", "¿Nada?", murmuró ella. "Nada", contestó él. Entonces, ella dio la vuelta y empezó a andar hacia el sol poniente hasta que su imagen desapareció entre los rayos anaranjados. 

Nunca nadie la volvió a ver sobre la faz de la tierra. 
No, la mujer no se marchó porque él hubiera roto la promesa, sino porque al mirar en el interior no vio nada. Ella había llenado aquel cesto de cosas hermosas que había recolectado del cielo: polvo de estrellas, rayos de luna, colas de cometas... cosas destinadas a llenarles de felicidad.
Cuando él miró y no pudo verlas, ella comprendió que ya no había nada que pudiera hacer y desapareció.

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Era un hombre de la primera raza que en verdad amaba su ganado blanquinegro. Siempre llevaba él mismo sus vacas al campo, seleccionaba para ellas los mejores pastos posibles, y veía por ellas como una madre ve por sus hijos, vigilando que ningún animal salvaje se acercara a lastimarlas o perturbarlas. Al anochecer las llevaba de vuelta a su corral, sellaba la entrada cuidadosamente con ramas de la más dura espina, y, viéndolas rumiar contentas, pensaba: "Por la mañana tendré una maravillosa cantidad de leche qué ordeñar." Una mañana, sin embargo, cuando se dirigió al corral esperando encontrar las ubres llenas y lustrosas de tanta leche, quedó sorprendido de ver que estaban flácidas, arrugadas y vacías. Reprochándose inmediatamente, pensó que había elegido mal sus pasturas, y las llevó a mejores pastos. Las trajo de vuelta a casa al anochecer y de nuevo pensó: "Mañana con toda seguridad obtendré más leche que nunca"; pero por la mañana, de nuevo, las ubres estaban flácidas y secas. Por segunda ocasión cambió de pastos, y sin embargo otra vez las vacas no tuvieron leche. Perturbado y receloso, decidió vigilar su ganado a lo largo de la oscuridad.


A mitad de la noche, quedó asombrado de ver una cuerda de la fibra más finamente hilada descendiendo de las estrellas; y por esta cuerda, mano sobre mano, una detrás de otra venían bajando algunas jóvenes de la gente del cielo. Las vio, hermosas y alegres, susurrando y riendo suavemente entre ellas, entrar a hurtadillas al corral y ordeñar con calabazas su ganado hasta dejarlo seco. Indignado, saltó para atraparlas, pero astutamente se dispersaron, de modo que no supo hacia dónde correr. Al final, logró capturar a una; pero mientras la perseguía, las demás, con todo y calabazas, huyeron al cielo, retirando la cuerda cuando la última subió, así que no puedo seguirlas. No obstante, estaba contento, porque la joven que había capturado era la más encantadora de todas. La hizo su mujer y a partir de ese momento no tuvo más problemas con la gente del cielo.


Ahora, su nueva esposa iba todos los días a trabajar sus sembradíos, mientras él cuidaba el ganado. Eran felices y prosperaban. Sólo una cosa lo preocupaba. Cuando capturó a su mujer, ella traía consigo una canasta. Estaba tejida con destreza, tan apretada que no podía ver a través de ella, y siempre firmemente cerrada con una tapa que encajaba con exactitud en la apertura. Antes de casarse con él, su mujer le había hecho prometer que no levantaría la tapa de la canasta y miraría en su interior mientras ella no le diera permiso. Si lo hiciera, un terrible desastre podría sobrevenirles a ambos. Pero a medida que los meses fueron pasando, el hombre comenzó a olvidar su promesa. Se volvía cada vez más curioso, viendo la canasta tan cerca día tras día, siempre firmemente cerrada. Un día en que estaba solo, fue a la choza de su mujer, vio la canasta allí entre las sombras, y no pudo aguantarse más. Arrancó la tapa y miró en su interior. Por un momento se quedó incrédulo, después estalló en carcajadas.


Cuando su mujer regresó al anochecer, supo enseguida lo que había sucedido. Se puso la mano en el corazón y mirándolo con lágrimas en los ojos, le dijo: "Miraste en la canasta."


Él lo admitió con una risa, y dijo: "Tú, mujer tonta. Tú, criatura tonta, tonta. ¿Por qué armaste tanto alboroto por esta canasta? No hay nada en ella."


"¿Nada?", dijo ella, apenas encontrando la fuerza para hablar.


"Sí, nada", le respondió con énfasis.


Ante esto, ella le dio la espalda, se marchó caminando hacia el sol poniente y desapareció. Nunca se le volvió a ver en la tierra.


¿Y saben ustedes por qué se fue? No debido a que él hubiera roto su promesa, sino porque, al mirar en la canasta, la encontró vacía. Se fue porque la canasta no estaba vacía: estaba llena de hermosas cosas del cielo que ella había guardado allí para ambos, y puesto que él no pudo verlas y sólo se rió, ya no tenía sentido que ella permaneciera en la tierra y desapareció.



lunes, 27 de enero de 2020

Cuentos redondos de invierno


AURORA

SOBRE EL INVIERNO


Los Días fríos nos llevan a la cueva, al nido, a los orígenes... a pensar en como éramos cuando no eramos así. 
Las primeras mujeres y los primeros hombres que poblaron la tierra, en estas latitudes, adoraban los elementos de la naturaleza por que sentían miedo al no entender sus mecanismos. Temían que la luz perdiera frente a las tinieblas cuando observaban  que los días se hacían cada vez mas cortos. Por eso la noche más larga de año, la del solsticio, encendían hogueras para recordar al sol que tenía que lucir y dar calor para despertar a las semillas que dormían en el interior del vientre de la tierra y que viniera la primavera llegara. 
Como parte de esta celebración de el triunfo de la luz frente a la oscuridad, había un personaje llamado el Musgoso, que vestía con un traje verde como el musgo. Llevaba un saco a la espalda y un palo en la mano: con el palo golpeaba la tierra para despertar a las semillas y en el saco guardaba lo que recogía entre los que más tenían para dárselo a los que no tenían, porque creía que lo que da la tierra hay que repartirlo entre todos y que si no se repartía, la primavera no vendría. Pero había gente que no estaba de acuerdo con esto de repartir,  y empezó  correrse de la voz de que aquel hombre, el hombre del saco, que además era extranjero y venía de tierras lejanas, se quedaba con todo e incluso que se llevaba a los niños y empezó a utilizarse para asustar a los niños y que se marcharan a dormir.  
Pero aquel hombre verde, se resiste a desaparecer y a veces lo llaman Robin Hood o San Nicolás o Papá Noel, que aunque la coca cola le cambiara de color, sigue siendo el mismo personaje  que regresa para recordarnos, que lo que da la tierra, hay que repartirlo, porque sino, un día, la primavera, no volverá.



El día que Baldomero robó el sol

Cuenta esta historia que en un profundo sótano de un pequeño pueblo olvidado, no muy lejos de aquí, vivió en tiempos de Maricastaña, un pequeño diablillo llamado  Baldomero. A  Baldomero lo que más le gustaba del mundo era fastidiar, fastidiar y hacer maldades y enredado en esos pensamientos andaba día y noche dándole vueltas a la cabeza sobre esta o aquella trastadas para ver sufrir a la gente y de paso divertirse él.
Un día se le ocurrió la mayor de las maldades, pensó en robar el sol  Si, si, el sol, solo de pensar en el follón que se iba a organizar le producía un inmenso regocijo.¡Oye!, pues dicho y hecho. Aquel domingo por la mañana se despertó muy temprano, se puso unos guantes de cuero para no quemarse y nada más salir el sol lo metió en un saco, se marchó corriendo haca su casa y lo escondió debajo de la mesa camilla, lo cubrió con las faldas y se subió en lo alto del campanario, desde donde podía divisar todo el pueblo. Allí se sentó para contemplar el resultado de su fechoría. 
Desde arriba empezó a ver como las plantas se marchitaban y moría, debido a la falta de luz, los animales desconcertados huían a ocultarse o directamente se ponían a hibernar, pero lo que más le gustó fue observar como comenzó a escasear el alimento y las personas se enfadaban por todo y se volvían hurañas a consecuencia de la falta de luz y del hambre. Y cuando Baldomero estaba en el punto álgido del disfrute observó a través de una ventana a María. María era la única persona del pueblo que no estaba ni triste ni enfadada, ella estaba acostumbrada desde pequeña a la escasez y continuaba con sus tareas habituales, cantando, como si tal cosa. María estaba buscando algo con lo que preparar la comida para ella y sus trece hermanos. Abrió el frigorífico de la cocina y ante la atenta mirada de Baldomero, encontró en el último estante oxidado ¡un huevo!, sí uno, pequeño, para todos!. Súbitamente Baldomero recuperó su buen humor, pensando en la trifulca que se organizaría cuando todos los hermanos quisieran comer de un solo huevo. Así que atentamente se puso a observar la escena.
María tomó un platillo de porcelana y un tenedor, cascó el huevo y se puso a batir con todas sus fuerzas: clas, clas, clas, clas, clas, clas,  clas, clas, clas...
Baldomero se acomodó en su atalaya dispuesto a no perder su buen humor, aquel huevo era tan pequeño, que sólo tendría que esperar un poco para contemplar una buena pelea.   
María batía el huevo con tanta fuerza que el sonido del tenedor sobre la paredes del plato comenzó a extenderse por el vecindario llegando hasta oídos de las vecinas que intrigadas fueron a investigar. 
- ¿María que es es estruendo que sale de tu casa?
- Es que estoy batiendo un huevo.
- ¿Un huevo?, ¿y porque haces tanto ruido?
- Es que mi abuela me dijo una vez que si bates con mucha fuerza, el huevo crece y como sólo tengo uno y somos tantos para comer... Incluso me enseñó una fórmula que decía: huevo por que no creciste, cochina por que no me batiste
- Oye María!,- volvió a preguntar la vecina, ¿y tu crees que si te ayudamos podríamos hacerlo crecer tanto como para que pudiéramos comer un poco todas? 
Maria entonces dudó un momento ante las miradas tristes y hambrientas de sus vecinas y después de pensarlo un momento contestó:
- Bueno, podemos intentarlo pero necesitaríamos un recipiente más grande y algunos... no la dejaron terminar la frase, en menos que canta un gallo un montón de vecinas se colocaron alrededor de un enorme lebrillo armadas con tenedores y batiendo frenéticamente el huevo por lo que volvía a escucharse el repiqueteo por todos los rincones del pueblo.
- clas, clas, clas, clas, clas, clas,  clas, clas, clas...
Baldomero estaba como loco imaginando la trifulca que se iba a organizar cuando tantas bocas quisieran comer de un solo huevo, aquello iba ser una verdadera batalla. 
No tardaron en venir las vecinas de la calle de abajo que venían a investigar y que se juntaron en la puerta con las que venia de la calle de arriba que también querían saber de donde procedía aquel sonido. Cuando se enteraron que había un huevo para comer y de como podían hacerlo mayor, convencieron a María de que las dejara participar en la batida y comenzaron todas a batir y a batir mientras entonaban las fórmula de la abuela:
- Huevo por que no creciste,decían unas
- Cochina por que no me batiste, contestaban las otras.
Bis, bis
Y continuaban batiendo el huevo cuyo sonido llegaba a otras barriadas del pueblo desde donde seguían llegando vecinas que se sumaban a la batida
Baldomero seguía disfrutando imaginando, no ya una batalla, sino ¡la tercera guerra mundial!. 
 - Clas, clas, clas, clas, clas, clas,  clas, clas, clas...
- Huevo por que no creciste,
- Cochina por que no me batiste, 
Bis
Bis
Bis
De repente el sonido cesó y Baldomero se incorporó, limpiándose con la manga las lágrimas de la risa para ver que había sucedido y de pronto pudo ver el huevo, el huevo que había alcanzado un tamaño descomunal y que empezaba a elevarse en el aire, ligero, grande y esponjoso. Subía despacio hacia el cielo, ante los ojos tristes y atónitos de María, de sus trece hermanos y de todas las vecinas del pueblo Olvidado. Y aunque al final no hubo guerra, ni batalla y tan siquiera una pequeña trifulca, Baldomero disfrutaba viendo como todos se quedaban sin comer. 
Pero de repente sucedió algo. Aquella bola gigante de color anaranjado, se detuvo en mitad el cielo y comenzó a repartir el calor y la energía que tantas personas habían puesto en su creación y entonces las tinieblas empezaron a disolverse y volvió la luz y las plantas empezaron a brotar, los animales salieron de sus escondites y los pájaros cantaban otra vez y la gente empezó a sonreír de nuevo.
El único que no estaba contento era Baldomero que enfadado y con el rabo entre las piernas decidió regresar a su casa en aquel profundo sótano del pueblo. Y al abrir la puerta de casa se encontró con que su hogar estaba muy confortable y calentito, así que decidió sentarse en el sillón que había junto a la mesa colocándose las faldas encima de las piernas y pensó que al menos algo de provecho había sacado y mientras iba quedándose amodorrado junto a su nueva mesa con brasero pensaba que, tal vez, tampoco era mala idea dejar las cosas tal y como estaban, al menos de momento.  




Cabeza Hueca 


En un remoto lugar de Siberia, junto a un bosque de taiga,a orillas del rio Amur, vivía el pueblo de los Nanai, un pueblo que tradicionalmente vivían, desde siempre como lo hicieron sus ancestros, de la caza y de la pesca. Y allí en aquel remoto lugar rodeado de coníferas nació un hermoso niño llamado Xingú. Xingú era un niños como todos, con todas las cositas ne su sitio, dos brazos, dos piernas, dos ojos, una nariz... pero hay algo que lo hacía excepcional era su belleza, por que Xingú era un chico guapísimo. A medida que se iba haciendo mayor sólo pensaba en una cosa: contemplar su belleza en el río Amur, por lo demás comía, dormía, descansaba, comía, dormía, descansaba, comía, dormía, descansaba , trabajar trabajaba poco y pensar, pensaba menos aún. Mientras los demás salía a cazar, él prefería quedarse mirándose en el río. 
- Qué guapo soy!. -Se decía a sí mismo
y esta era la única idea que tenía en la cabeza durante todo el día.
Un buen día sus padres pensaron que había llegado la horta de que Xungú se convirtiera en un cazador de la taiga, así que confeccionaron para él todo en equipo necesario: 
Una magnífica chaqueta de cuero bordada con adornos de seda, un gorro de piel de reno, unas magníficas botas repujadas realizadas en piel de ciervo, una estupenda capa de la que colgaban varias colas de ardilla unos pantalones del mejor cuaro curtudo con rodilleras de labradas una chaqueta blanca de piel bordada también es seda y un cinturón decorado con grabados de donde pemndían dos cuchillos uno de punta recta y otro de hoja cuerva y le dieron un carcaj con sus correspondientes flechas para que se lo colgara a la espalda. daba gusto verlo, estaba guapísimo atabiado de cazador. También a él le encantó su nuevo atuendo, no hacía mas que acariciar su chaqueta de pelo y repetir: 
- Qué guapo estoy, qué guapo estoy.
- ¡Basta!, -le dijo su padre- no es el vestido lo que hace al cazador ¡en marcha!.
Pero a Xingú no le apetecía nada moverse de la orilla del río en cuyas aguas podía seguir contemplándose.
- No pienso estropear mi nuevo traje, dijo. 
Y tan contento estaba de verse tan guapo, que para celebrarlo empezó a cantar y a bailar. 
- Qué guapo estoy, qué guapo estoy, turututu, turututu Qué guapo estoy, qué guapo estoy, , turututu, turututu
De pronto en pleno fernesí del baile comenzó a golpearse la cabeza: parampampam...
- ¡Para! - le gritó el padre- ¡pero que es esto!, suena como un tambor, ¿mi hijo tiene la cabeza hueca?...
A Xungú aquello le pareció un gran descubrimiento y orgullosísimo de haber descubierto en sí mismo una nueva habilidad continuó tocando el tambor de su cabeza hueca. 
 - Qué guapo estoy, qué guapo estoy, parampampam. Qué guapo estoy, qué guapo estoy, parampampam 
Y cuanto más se golpeaba Xingú la cabeza, más sonaba a hueco, la gente del pueblo salía de sus casas para saber de donde procedía aquel sonido de tambor y se encontraron a chico golpeándose entusiasmado la cabeza satisfecho de que sonara de aquel modo. 
- Tengo la cabeza hueca, parampampam, chincha rabiña, parampampam
Y desde aquel día todo el mundo comenzó a llamarle "cabeza hueca"
Evidentemente Xingú con aquella cabeza hueca, no podía ir a cazar o a pescar con los hombres del pueblo, por que para eso había que  conocer todas las artimañas, tampoco podía ayudar a su madres a salar y ahumar el pescado para pasar el invierno, porque  había que ser muy listo para hacerlo bien, ni curtir las pieles, porque no conocía las fórmulas, ni por supuestos confeccionar vestidos como hacían otros muchachos, por que eso requería tener mucha habilidad y la única habilidad que tenia Xingú era la que utilizaba para tocar el tambor de su cabeza hueca. 
Y el tiempo pasaba sin que el muchacho hiciera otra cosa que mirarse en el río y tocar el tambor.
- ¡Ay!que vamos a hacer con este con este muchacho nuestro, que solo piensa en presumir con esa cabecita suya  tan hermosa como hueca... que será de él cuando nosotros faltemos, se morirá de hambre.
Y por casualidad en ese momento pasaba por allí una pobre anciana que al escuchar sus lamentos les dijo.
 - Yo tengo la solución: que se case.
- ¿Y quien va a querer casarse con un muchacho que tiene la cabeza hueca?
- Yo tengo una nieta Angá, huérfana de padre y madre. Somos muy pobres y a cambio de una buena dote creo que ella consentiría en casarse con él. 
Los padres de Xungú aceptaron, prometiéndole a la anciana que nunca le faltaría de nada y comenzaron a reunir un gran ajuar como regalo de bodas con las cosas de mayor valor que tenía.
Angá lloró cuando supo que debía de casarse con un hombre la que no conocía pero aceptó pensando en que aquella era la única salida para que su pobre abuela viviera un poco mejor.
Tras celebrarse la boda, el matrimonio se fue a vivir a la nueva casa. una vez allí, Xungú se sentó en una butaca y se dirigió a Angá:
- Tu no sabes la suerte que tienes de haberte casado conmigo. No vas a encontrar en ningún lugar el mundo un hombre más guapo que yo. Además, no sabes que clase de cabeza tengo, es única en el mundo. 
Y comenzó a tocar el tambor de su cabeza hueca.
parampampam, parampampam
Angá se quedó horrorizada
- ¿Como, mi marido tiene la cabeza hueca?, ¿pero de qué vamos a vivir?. Y comenzó a llorar desconsoladamente.
Xingú al observar a su mujer llorando, pensó que lo hacía por la emoción que sentía al haberse casado con un hombre tan guapo. Y después de contemplarla un rato, satisfecho de la reacción que había provocado en ella. se quedó dormido, como un tronco. 
Angá lo miraba mientras dormía y empezó a pensar que aquello, era un fraude, como un hombre tan guapo, podía tener la cabeza tan hueca. Pensaba que no se podía ir por ahí engañando a la gente. Y como en el pueblo de Angá era costumbre pintar los tambores, la mujer tuvo una idea. Fue a buscar un poco de arcilla para hafue cer pintura roja y carbón para hacer pintura negra y se puso a pintar la cara de Angá, con tanto arte que cuando terminó había quedado fantástico. parecía un auténtico demonio. 
Cuando Xingú se despertó al día siguiente, lo primero que hizo, fué a la orilla del río, como siempre, para contemplar su belleza. Al ver su reflejo en el agua, con la cara pintada, no se reconció y preguntó alarmado:
- ¡Eh, tu majadero!, ¡¿que haces dentro de mis ropas?!.
Pero el rostro no respondía, eso sí cuando Xingú se acercaba, la máscara se acercaba y cuando se alejaba la más cara lo hacía también. 
Xingú no lograba entenderlo, ¿quien era aquel sinvergüenza tan feo que llevaba puestas su ropas y hacía sus gestos?
- ¡Angá Ven!, - gritó. 
- ¿Quién me llama?
- Soy yo Xingú!
- Tu no puedes ser Xingú, mi marido es muy guapo y tu pareces un demonio. 
- ¡Es vedad!, soy muy guapo, lo sé por que me he mirado muchas veces en el río. ¡Voy a mirarme otra vez!. 
Y así lo hizo, pero cuanto más se miraba en el agua, menos se reconocía. 
- Esto no me gusta nada. Está claro que he perdido mi cara en alguna parte. -Y se puso a buscarla. Pero por más que buscaba, no lograba encontrarla. De pronto tuvo una idea y se golpeó la cabeza con el puño.
- Pom, pom, pom...¡Sí soy yo, cabeza hueca! - Dijo entusiasmado. Y corrió de nuevo a mirarse en el río.
- No, no soy yo... - ¿Como era posible que él, Cabeza Hueca, no fuera Xingú?, el sonido le decía que si, pero el agua le decía que no, era un caso muy curioso. Así que decidió volver a casa para decirle a su esposa que él, Cabezahueca se marchaba para buscar a Xingú, su esposo, donde quiera que estuviera.
Y así se marchó del pueblo, para buscarse a si mismo, y debió de ir tan lejos que aún no ha regresado o tal vez signifique que todavía no se ha encontrado. 



MAR
Fhundida. la fuente hundida.

La sombra de un León.

Principio de la historia interminable.

A DOS VOCES
"Un mar de fueguitos" de Eduardo Galeano

Aurora: - Cuenta la historia, que un hombre del pueblo de Negua, en la costa colombiana, subió a lo alto del cielo y al volver contó que desde arriba había visto la vida humana.

Mar: - La vida es un mar de hogueras. El mundo es eso, un montón de gente, un mar de hogueras.

Aurora: - No hay dos fuegos iguales, cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. no hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos pequeños y fuegos de todos los colores.

Mar: - Hay gente de fuego sereno que ni se entera del viento y gente de fuego loco que llena el aire de chispas.

Aurora: - Hay fuegos bobos que no alumbran ni queman

Mar: - Pero otros arden la vida con tanta intensidad que que no se puede mirarlos sin parpadear.

Mar y Aurora: - Y si te acercas, te enciendes.







Cuentos para Eva

La Reina de Tourmedó
Epaminondas
Cabezahueca

 Escuchen las buenas gentes la historia que les presento de un reino feliz que había en la jungla de los vientos el cual era apetecido por u...